Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Penelopeando
Que lluevan los veranos sus angustias,
que las golondrinas se harten de sus cables y
de todas las premoniciones que les sepan a las despedidas,
que la luna ya despierte de ese su marasmo blanco e
increpe a gritos a su proxeneta cielo negro,
que pida verdadera redención el párroco y
que sin remilgos se la nieguen.
No hay prisa agua de miel,
las manecillas del reloj se han hecho viejas
y esperan mártires del tiempo,
la vereda hasta tu casa siempre es verde y
con ello martiriza a las aceras.
No hay prisa piel de almíbar,
la realidad se entrelazó con las verdades de a mentiras,
con las promesas,
con mis ruegos,
con los rezos,
con los sueños.
Ya no sé si fuiste o eres una broma muy cretina,
ya no sé si bastará con que regreses como eres.
Te he penelopeado tanto que tal vez,
no sé si cuando llegue al fin el fin,
mi corazón te reconozca.
29.12.10 en una tarde mirando que aun el pavimento cambia, que incluso las ciudades se hacen cirugías drásticas.
Que lluevan los veranos sus angustias,
que las golondrinas se harten de sus cables y
de todas las premoniciones que les sepan a las despedidas,
que la luna ya despierte de ese su marasmo blanco e
increpe a gritos a su proxeneta cielo negro,
que pida verdadera redención el párroco y
que sin remilgos se la nieguen.
No hay prisa agua de miel,
las manecillas del reloj se han hecho viejas
y esperan mártires del tiempo,
la vereda hasta tu casa siempre es verde y
con ello martiriza a las aceras.
No hay prisa piel de almíbar,
la realidad se entrelazó con las verdades de a mentiras,
con las promesas,
con mis ruegos,
con los rezos,
con los sueños.
Ya no sé si fuiste o eres una broma muy cretina,
ya no sé si bastará con que regreses como eres.
Te he penelopeado tanto que tal vez,
no sé si cuando llegue al fin el fin,
mi corazón te reconozca.
29.12.10 en una tarde mirando que aun el pavimento cambia, que incluso las ciudades se hacen cirugías drásticas.
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