Idril
Poeta recién llegado
Un cuerpo delirante de dolor,
En cada rincón fluye angustia,
Manos que queman sobre cada cicatriz,
Labios sangre, tornan púrpura defunción,
La melancolía y la depresión van de la mano,
Cual inseparables buitres aferrados a su presa,
El frío solo hace más agonizante el sufrir,
Si se muere cada día de penas cargadas toda la vida,
Es poco el invierno de días ausentes,
Tormentosos pensamientos soplan tundras,
Un corazón de hielo se encuentra en penumbras,
Aislado y cada vez más denso de espesura,
Un ser que se alimenta de cadáveres putrefactos,
Destazado de ansias y sensaciones vanas,
Ha llegado a esta situación por rencor,
Ofuscándose en las sombras y anónimo de mirar,
La reflexión sobre las aguas del río en esta pesadilla
Dejan ver la verdadera imagen, aquella de un vestigio,
Muñecas con fluyentes hilos de rojas desolaciones,
Yagas incrustadas en piel por llanto,
Cuándo cesara este sufrimiento,
Que lo ha dejado como animal en cautiverio,
Alimentándose de sus semejantes,
Y al tiempo huyendo de ellos,
Qué ser tan desgraciado es este,
Aquel que huye de la luz, y de sí mismo
Vive en crepúsculos jugando con su mente,
Aunque por fuera sólo sea un día más de verano,
En ausencia de la realidad cuando cae el sol,
Hablando y reclamando al espejo por su pobre alma perdida,
Pobre mujer junto al espejo.
que yace frente a un rechazado reflejo.
En cada rincón fluye angustia,
Manos que queman sobre cada cicatriz,
Labios sangre, tornan púrpura defunción,
La melancolía y la depresión van de la mano,
Cual inseparables buitres aferrados a su presa,
El frío solo hace más agonizante el sufrir,
Si se muere cada día de penas cargadas toda la vida,
Es poco el invierno de días ausentes,
Tormentosos pensamientos soplan tundras,
Un corazón de hielo se encuentra en penumbras,
Aislado y cada vez más denso de espesura,
Un ser que se alimenta de cadáveres putrefactos,
Destazado de ansias y sensaciones vanas,
Ha llegado a esta situación por rencor,
Ofuscándose en las sombras y anónimo de mirar,
La reflexión sobre las aguas del río en esta pesadilla
Dejan ver la verdadera imagen, aquella de un vestigio,
Muñecas con fluyentes hilos de rojas desolaciones,
Yagas incrustadas en piel por llanto,
Cuándo cesara este sufrimiento,
Que lo ha dejado como animal en cautiverio,
Alimentándose de sus semejantes,
Y al tiempo huyendo de ellos,
Qué ser tan desgraciado es este,
Aquel que huye de la luz, y de sí mismo
Vive en crepúsculos jugando con su mente,
Aunque por fuera sólo sea un día más de verano,
En ausencia de la realidad cuando cae el sol,
Hablando y reclamando al espejo por su pobre alma perdida,
Pobre mujer junto al espejo.
que yace frente a un rechazado reflejo.