James De la rosa
Juan Carlos Tuñon
Pequeños parpadeos poderosos
rimel de la miel de torvos ojos
que ceden al nivel de los despojos
si pueden ilustrar tus labios rojos.
Abanicando la piel mas delicada
asomando a un placer sin decir nada
infunden el valor mentiroso
en cuencas de lados de negros fosos.
Tus parpados persisten insistentes
y pueden maldecir aunque lo intenten
extraer lapidas royendo tus dientes
pequeños parpadeos insistentes.
Grandes abanicos amaestrados
moviendo los calores a otros lados
el viento de la voz que da en la cara
golpeando en el amor a no olvidarla
sentidos de flores como guirnaldas.
Escobas puntillosas de locura
barren lapidas de piel entre mares de ojeras
de todas de las maneras son mareas del azar
tapadas con pared de maquillaje del lenguaje de la edad.
Filtro del dolor amaestrado
del fingido amor buscado
en campos de soledad
enternecen de piedad
pequeños pestañeos pudorosos
pequeños parpadeos poderosos
pequeños parpadeos insistentes.
rimel de la miel de torvos ojos
que ceden al nivel de los despojos
si pueden ilustrar tus labios rojos.
Abanicando la piel mas delicada
asomando a un placer sin decir nada
infunden el valor mentiroso
en cuencas de lados de negros fosos.
Tus parpados persisten insistentes
y pueden maldecir aunque lo intenten
extraer lapidas royendo tus dientes
pequeños parpadeos insistentes.
Grandes abanicos amaestrados
moviendo los calores a otros lados
el viento de la voz que da en la cara
golpeando en el amor a no olvidarla
sentidos de flores como guirnaldas.
Escobas puntillosas de locura
barren lapidas de piel entre mares de ojeras
de todas de las maneras son mareas del azar
tapadas con pared de maquillaje del lenguaje de la edad.
Filtro del dolor amaestrado
del fingido amor buscado
en campos de soledad
enternecen de piedad
pequeños pestañeos pudorosos
pequeños parpadeos poderosos
pequeños parpadeos insistentes.