Pérdida la realidad.
Toco el silencio de tus palabras.
Pruebo el sabor del dolor.
Y, rio de la risa de tus lágrimas
que brotan sin pasión.
Camino sobre el techo de las
hojas que alumbran las luces
de neón.
Navego en la arena de la luna,
y me divierto en la orilla de tu
calzón.
Veo la noche que se alumbra
en la oscuridad con el pensamiento,
advierto que no se ve mucho, pero...
se escucha el silencio de la canción
no cantada, como una alunada del
esquizofrénico que va a misa en
la mezquita de en frente, la que está
a la par de la iglesia de Santa Cecilia;
dónde el rabino habla de reencarnación,
y Buda en el templo mormón libera
del sufrimiento y te lleva a la liberación.
Se oscurece y al mediodía la luna juega
con mi cobija diciéndome "come"
Trayendo un par de hormigas
dos trozos de jeta de murciélagos,
sofritas que no son de mi agrado.
Se abre la puerta que da al vacío,
la bisagra no tiene tornillos y
todo queda al descubierto con
la lengua de fuera.
Toco el silencio de tus palabras.
Pruebo el sabor del dolor.
Y, rio de la risa de tus lágrimas
que brotan sin pasión.
Camino sobre el techo de las
hojas que alumbran las luces
de neón.
Navego en la arena de la luna,
y me divierto en la orilla de tu
calzón.
Veo la noche que se alumbra
en la oscuridad con el pensamiento,
advierto que no se ve mucho, pero...
se escucha el silencio de la canción
no cantada, como una alunada del
esquizofrénico que va a misa en
la mezquita de en frente, la que está
a la par de la iglesia de Santa Cecilia;
dónde el rabino habla de reencarnación,
y Buda en el templo mormón libera
del sufrimiento y te lleva a la liberación.
Se oscurece y al mediodía la luna juega
con mi cobija diciéndome "come"
Trayendo un par de hormigas
dos trozos de jeta de murciélagos,
sofritas que no son de mi agrado.
Se abre la puerta que da al vacío,
la bisagra no tiene tornillos y
todo queda al descubierto con
la lengua de fuera.