Último Poeta Maldito
Poeta asiduo al portal
Para qué más mis alas, sino para el viento.
Para qué más la espada, sino para herir de muerte.
Para qué más tu beso, sino para embeleso eterno.
Para qué más tu engaño, sino para vil infierno.
No lloro más, pues ya no tengo lágrimas de niño
ni gimo, porque ya no tengo fuerza.
Y te amo todavía pues no consigo a tu belleza
sacar de mi bermejo escriño.
No quiero el filo de tu caricia fatal,
el beso sacro de tu boca infernal.
Quiero olvido en un pronto agur,
fantasía que se pierda en el puro azur.
Nunca diré que fuiste la diosa traidora,
Sino que fui, yo, el príncipe cruel.
Que tú eres esencia pura de la aurora
desgraciada por este profano que beso tu piel.
Yo, bohemio bardo, yazgo lánguido;
perdiendo el brío; contemplando tus recuerdos.
Perdido, perdido, perdido perdido.
Con un mendrugo que llamo desprecio y que muerdo.
Para qué más tañer la lira, sino para son hermoso.
Para qué más tu amor, sino para muerte segura.
Para quién más el dolor, sino para este sollozo.
Para qué más el vino, sino para tu frescura.
Para qué Para quién Mas, yo siempre débil y tú tan dura.
Para qué más la espada, sino para herir de muerte.
Para qué más tu beso, sino para embeleso eterno.
Para qué más tu engaño, sino para vil infierno.
No lloro más, pues ya no tengo lágrimas de niño
ni gimo, porque ya no tengo fuerza.
Y te amo todavía pues no consigo a tu belleza
sacar de mi bermejo escriño.
No quiero el filo de tu caricia fatal,
el beso sacro de tu boca infernal.
Quiero olvido en un pronto agur,
fantasía que se pierda en el puro azur.
Nunca diré que fuiste la diosa traidora,
Sino que fui, yo, el príncipe cruel.
Que tú eres esencia pura de la aurora
desgraciada por este profano que beso tu piel.
Yo, bohemio bardo, yazgo lánguido;
perdiendo el brío; contemplando tus recuerdos.
Perdido, perdido, perdido perdido.
Con un mendrugo que llamo desprecio y que muerdo.
Para qué más tañer la lira, sino para son hermoso.
Para qué más tu amor, sino para muerte segura.
Para quién más el dolor, sino para este sollozo.
Para qué más el vino, sino para tu frescura.
Para qué Para quién Mas, yo siempre débil y tú tan dura.