Xavier Taboada
Poeta asiduo al portal
Mi reina, mi pedacito de luna
mi dama elegante,
mi dulce de miel,
te he extrañado tanto,
que el pensar en perderte
me ha vuelto un tonto,
el temor de no verte más,
me convirtió en un hombre desalmado,
frío, hiriente,
una bestia desencadenada,
la amargura
exteriorizó lo peor de mí.
Y es que a veces
siento que los dioses
con sus manos aplastan
mi ternura,
y sus cenizas
se convierten
en amargura,
y la amargura
es el cáncer
del hombre,
es un mal oscuro,
son las sombras del alma,
exponen
el lado más perverso
del ser humano,
convirtiéndolo
en alguien sin sentimientos.
Perdóneme, reina mía,
perdóneme por alzar mi puño
contra usted,
por ser tan poco hombre,
tan poco caballero,
tan poco cortés,
todo lo que me enseñó
sobre amabilidad
lo olvidé,
me porté como un cretino,
como un patán,
como un vulgar
macho más,
de esos que se jactan
pero que no saben
como tratar a una mujer.
Hoy me siento
como el Saga
que levantó el puño ante su diosa,
pero que con su otra mano
se atraviesa con el báculo
para expiar sus culpas.
Hay esa dualidad en mí,
del bueno y el malo.
La ternura me hace noble,
y la amargura
me convierte en un monstruo.
Hoy solo te pido perdón
al tiempo que caigo rendido
en tu pecho,
solo esbozo
una agónica sonrisa ,
diciéndote:
TE QUIERO
mi dama elegante,
mi dulce de miel,
te he extrañado tanto,
que el pensar en perderte
me ha vuelto un tonto,
el temor de no verte más,
me convirtió en un hombre desalmado,
frío, hiriente,
una bestia desencadenada,
la amargura
exteriorizó lo peor de mí.
Y es que a veces
siento que los dioses
con sus manos aplastan
mi ternura,
y sus cenizas
se convierten
en amargura,
y la amargura
es el cáncer
del hombre,
es un mal oscuro,
son las sombras del alma,
exponen
el lado más perverso
del ser humano,
convirtiéndolo
en alguien sin sentimientos.
Perdóneme, reina mía,
perdóneme por alzar mi puño
contra usted,
por ser tan poco hombre,
tan poco caballero,
tan poco cortés,
todo lo que me enseñó
sobre amabilidad
lo olvidé,
me porté como un cretino,
como un patán,
como un vulgar
macho más,
de esos que se jactan
pero que no saben
como tratar a una mujer.
Hoy me siento
como el Saga
que levantó el puño ante su diosa,
pero que con su otra mano
se atraviesa con el báculo
para expiar sus culpas.
Hay esa dualidad en mí,
del bueno y el malo.
La ternura me hace noble,
y la amargura
me convierte en un monstruo.
Hoy solo te pido perdón
al tiempo que caigo rendido
en tu pecho,
solo esbozo
una agónica sonrisa ,
diciéndote:
TE QUIERO