Santiago Oreggia
Poeta fiel al portal
El destino nos miraba a los dos,
entre cientos de miles,
estudiando a cada instante,
nuestras vivencias,
envueltas en vaivenes y desvaivenes,
de perfume de vida,
y lirios de tristeza.
En un instante de sus andares,
cuando la luna se asomaba,
decidió su intervención,
poniendo a prueba,
nuestros anhelos sentimentales,
a través de la distancia,
formidable comprobadora,
del verdadero amor,
aquel que perdura,
como la misma existencia,
que nunca muere,
inmortalizándose en el transcurso,
de nuestro infinito,
perfumado por el amor.
Pues allí estas tu...
Y aquí estoy yo...
Tan distantes,
pero tan cerca,
que casi sin darnos cuenta,
imperceptiblemente estamos juntos,
besándonos,amándonos sin vernos,
como dos en uno y uno en dos,
fundidos estrechamente,
tan ceñidamente,
que a cada instante,
alimentamos a nuestros corazones,
con la llama floreciente del amor;
ese amor que crece como la hiedra mala,
que aun cortando la raíz,
nunca muere y siempre crece.
Y si desafías al destino...
Producto de la distancia,
te estarás desafiando a ti misma,
a los impulsos de tu corazón,
que vibrando como una campana,
en algún momento,
te hará ver tu rostro en el espejo,
y con la gracia de una gaviota,
a pesar de la distancia,
sentirás la necesidad de volar a mi encuentro,
sorteando cualquier obstáculo,
para caer en mis brazos,
en una cuna suave de amor,
en donde la pasión de nuestros labios,
el ímpetu de nuestros cuerpos,
envueltos en una tormenta pasional,
nos amaremos sin fin.
Por siempre y para siempre,
agradeciéndole a Dios,
el existente esplendor de nuestro amor,
perfumado por el destino.::
::
Reservados todos los derechos Santiago Oreggia©
entre cientos de miles,
estudiando a cada instante,
nuestras vivencias,
envueltas en vaivenes y desvaivenes,
de perfume de vida,
y lirios de tristeza.
En un instante de sus andares,
cuando la luna se asomaba,
decidió su intervención,
poniendo a prueba,
nuestros anhelos sentimentales,
a través de la distancia,
formidable comprobadora,
del verdadero amor,
aquel que perdura,
como la misma existencia,
que nunca muere,
inmortalizándose en el transcurso,
de nuestro infinito,
perfumado por el amor.
Pues allí estas tu...
Y aquí estoy yo...
Tan distantes,
pero tan cerca,
que casi sin darnos cuenta,
imperceptiblemente estamos juntos,
besándonos,amándonos sin vernos,
como dos en uno y uno en dos,
fundidos estrechamente,
tan ceñidamente,
que a cada instante,
alimentamos a nuestros corazones,
con la llama floreciente del amor;
ese amor que crece como la hiedra mala,
que aun cortando la raíz,
nunca muere y siempre crece.
Y si desafías al destino...
Producto de la distancia,
te estarás desafiando a ti misma,
a los impulsos de tu corazón,
que vibrando como una campana,
en algún momento,
te hará ver tu rostro en el espejo,
y con la gracia de una gaviota,
a pesar de la distancia,
sentirás la necesidad de volar a mi encuentro,
sorteando cualquier obstáculo,
para caer en mis brazos,
en una cuna suave de amor,
en donde la pasión de nuestros labios,
el ímpetu de nuestros cuerpos,
envueltos en una tormenta pasional,
nos amaremos sin fin.
Por siempre y para siempre,
agradeciéndole a Dios,
el existente esplendor de nuestro amor,
perfumado por el destino.::
::Reservados todos los derechos Santiago Oreggia©
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