Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Espera conquistada,
por las lágrimas de la tristeza,
que se conjuga con el manto,
de una soledad intensa,
en el altar de la derrota,
confundido con sombra...
Lamento nauseabundo,
que irrita las parcas,
al saber que soy inmortal,
siendo mil gritos para muerte,
¡Llamándola a cada instante!
con la daga que no hiere,
con el veneno que no mata...
Araño la tierra,
con el deseo desenfrenado,
lágrimas complejas,
de un dolor profundo,
arraigado en el comienzo,
desvanecido en los siglos,
para tomar más fuerza,
y rasgarme en locura...
Perderme en el laberinto,
con las rosas por doquier,
mientras el mármol blanco,
seduzca mis encantos,
para estrellar en él,
la cabeza que poseo,
pintar de rojo el mausoleo,
beber la nostalgia a copas,
sin redimir más el pasado...
Angustias, dolencias,
condenada vida,
entre vidas,
amarrado al mismo suelo,
sin pretender jamás...
Ser el yo...
Lloren conmigo,
Ángeles, lobos y demonios,
abracemos la histeria,
de una noche perdida,
que se confunda el llanto y lluvia...
Cometas sin fin,
estrellas celosas,
que muera el cosmos,
conmigo si fuera así,
que terminara mi tortura,
Ríos, mares y eternas nieblas,
que sirvan de testigos,
que este es mi lamento,
entonado por una guitarra,
que suena a flamenco,
que suena a balada,
Encerrado entre ideas,
corrompiendo la duda,
que sea el espíritu quebrado,
la noche completa...
¡A danzar, a morir!
¡Morir para nunca renacer!
¡Ese será la noche de la tristeza!
¡Con el tormento de las hadas!
¡Morid de noche!
¡Con la rabia del infierno!
¡En la lanza del Cristo!
que sea mi mortaja su velo...
sin cruz... sin nada....
Solo tristeza... solo... tristeza....
L.V.
por las lágrimas de la tristeza,
que se conjuga con el manto,
de una soledad intensa,
en el altar de la derrota,
confundido con sombra...
Lamento nauseabundo,
que irrita las parcas,
al saber que soy inmortal,
siendo mil gritos para muerte,
¡Llamándola a cada instante!
con la daga que no hiere,
con el veneno que no mata...
Araño la tierra,
con el deseo desenfrenado,
lágrimas complejas,
de un dolor profundo,
arraigado en el comienzo,
desvanecido en los siglos,
para tomar más fuerza,
y rasgarme en locura...
Perderme en el laberinto,
con las rosas por doquier,
mientras el mármol blanco,
seduzca mis encantos,
para estrellar en él,
la cabeza que poseo,
pintar de rojo el mausoleo,
beber la nostalgia a copas,
sin redimir más el pasado...
Angustias, dolencias,
condenada vida,
entre vidas,
amarrado al mismo suelo,
sin pretender jamás...
Ser el yo...
Lloren conmigo,
Ángeles, lobos y demonios,
abracemos la histeria,
de una noche perdida,
que se confunda el llanto y lluvia...
Cometas sin fin,
estrellas celosas,
que muera el cosmos,
conmigo si fuera así,
que terminara mi tortura,
Ríos, mares y eternas nieblas,
que sirvan de testigos,
que este es mi lamento,
entonado por una guitarra,
que suena a flamenco,
que suena a balada,
Encerrado entre ideas,
corrompiendo la duda,
que sea el espíritu quebrado,
la noche completa...
¡A danzar, a morir!
¡Morir para nunca renacer!
¡Ese será la noche de la tristeza!
¡Con el tormento de las hadas!
¡Morid de noche!
¡Con la rabia del infierno!
¡En la lanza del Cristo!
que sea mi mortaja su velo...
sin cruz... sin nada....
Solo tristeza... solo... tristeza....
L.V.