Edna Victoria
Poeta recién llegado
Un canto al valor, Señora
que guarda en todo su seno
ese ser que sufrió otrora
pero que asume los riesgos
de desbocar a la aurora
sus deseos nada ajenos
que ya no se desahogan.
Permita que me detenga
a tejer su fe infinita
para que no se le enrede
ni deshaga con mentiras.
Piense que al fin la verdad,
esa que tanto esperamos,
se nos demora en llegar
y al final nos la inventamos
No hubo errores, mi Señora
ni escondidos ni confesos
solo sueños desatados
de un corazón olvidado
y oculto en un pecho estrecho
de juventud incalculada
ávido de amor y besos.
Perdóneme a mí el contar
su historia con tal miopía
perdone que haya soñado
con usted su fantasía
perdone que haya confiado
como usted en la poesía.
Debí prevenir, Señora
debí alertar su premura
pero es tan lindo creer
en este mundo de dudas.
Y por qué no, mi Señora
resarcir las amarguras
al final siempre nos queda
en las papilas maduras
ese sabor agridulce
que si sabemos catar
nos dejará una sonrisa
para volver a empezar
que guarda en todo su seno
ese ser que sufrió otrora
pero que asume los riesgos
de desbocar a la aurora
sus deseos nada ajenos
que ya no se desahogan.
Permita que me detenga
a tejer su fe infinita
para que no se le enrede
ni deshaga con mentiras.
Piense que al fin la verdad,
esa que tanto esperamos,
se nos demora en llegar
y al final nos la inventamos
No hubo errores, mi Señora
ni escondidos ni confesos
solo sueños desatados
de un corazón olvidado
y oculto en un pecho estrecho
de juventud incalculada
ávido de amor y besos.
Perdóneme a mí el contar
su historia con tal miopía
perdone que haya soñado
con usted su fantasía
perdone que haya confiado
como usted en la poesía.
Debí prevenir, Señora
debí alertar su premura
pero es tan lindo creer
en este mundo de dudas.
Y por qué no, mi Señora
resarcir las amarguras
al final siempre nos queda
en las papilas maduras
ese sabor agridulce
que si sabemos catar
nos dejará una sonrisa
para volver a empezar