J. Moisupe
Poeta recién llegado
Su alegría era mi ancha pena
y día a día de él me hablaba,
pero ser su amigo era mi cruda condena
porque a ella yo la quería y a él ella lo amaba.
A veces no quería escucharla, porque sus palabras
me llegaban como una flecha sombría
y es que ,en arco se convertía sus labios de rosas
cuando de él su nombre me pronunciaba con alegría.
A veces no quería escucharla. Yo no sé
cómo podía estar vivo mientras de él me hablaba,
mientras me decía; Hoy estuve con él y lo besé,
quizá, sus palabras me mataban, pero verla a mí, eso me resucitaba.
A veces no quería escucharla, pero era mi amiga.
Por estar a su lado ya nada me importaba,
aunque, yo en mi silencio le decía dolorosamente que no siga
mientras ella me repetía que sólo a él, puramente amaba.
Y así, ella que lo amaba y el mundo lo sabía.
Yo no compartí con nadie este secreto de amarla,
ella nunca sospechó que había otro que también la quería
tampoco que en muchas ocasiones me declaraba en silencio al mirarla.
J. Moisupe
y día a día de él me hablaba,
pero ser su amigo era mi cruda condena
porque a ella yo la quería y a él ella lo amaba.
A veces no quería escucharla, porque sus palabras
me llegaban como una flecha sombría
y es que ,en arco se convertía sus labios de rosas
cuando de él su nombre me pronunciaba con alegría.
A veces no quería escucharla. Yo no sé
cómo podía estar vivo mientras de él me hablaba,
mientras me decía; Hoy estuve con él y lo besé,
quizá, sus palabras me mataban, pero verla a mí, eso me resucitaba.
A veces no quería escucharla, pero era mi amiga.
Por estar a su lado ya nada me importaba,
aunque, yo en mi silencio le decía dolorosamente que no siga
mientras ella me repetía que sólo a él, puramente amaba.
Y así, ella que lo amaba y el mundo lo sabía.
Yo no compartí con nadie este secreto de amarla,
ella nunca sospechó que había otro que también la quería
tampoco que en muchas ocasiones me declaraba en silencio al mirarla.
J. Moisupe