Cuando llega el alba a recoger el rocio,
a redimir mis labios,
posados sobre tu piel,
incandescente, augurando mi destino.
No habrá lugar, por muy recondito, que pueda esconderme
cuando te hallas frente a mi,
ni oceano o mar lejano que cubra o colme mi deseo de volverte a ver.
Petalos de arena se escurren, resbalan, por mis manos
se escapan entre los huecos de mi sonrisa,
navegan por tu espalda, si te giras, y ya no me ves.
Luz del candil de mis ojos, alumbrando los pasadizos de tu sed,
cuales sombras se desdibujan, reconditas.
Lucha feroz, recogen mis parpados, que amainan la tormenta,
cada vez que te vuelvo a ver....
a redimir mis labios,
posados sobre tu piel,
incandescente, augurando mi destino.
No habrá lugar, por muy recondito, que pueda esconderme
cuando te hallas frente a mi,
ni oceano o mar lejano que cubra o colme mi deseo de volverte a ver.
Petalos de arena se escurren, resbalan, por mis manos
se escapan entre los huecos de mi sonrisa,
navegan por tu espalda, si te giras, y ya no me ves.
Luz del candil de mis ojos, alumbrando los pasadizos de tu sed,
cuales sombras se desdibujan, reconditas.
Lucha feroz, recogen mis parpados, que amainan la tormenta,
cada vez que te vuelvo a ver....
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