Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo llevan,
pequeños dedos lentamente lo vencen,
lo arrastran al seguro de piedras, petróleo y crucifijo,
cargando de razones su vacío insólito.
Golpes sucesivos de huesos de otro tiempo
que rellenan las gargantas azules y el metal oscuro,
mugen y se desperezan del sueño del océano,
sacrificio de las luces para ninguna mano.
Animal de costumbres poco sedentarias
que la paz no aguarda junto a la palmera,
confundiendo la sal con el desierto.
No navegaré lejos de tus olas,
ni la cruz ni el petróleo me obligaran a ello.