Marejadas de pensamientos ensartados,
en mil pequeñas esferas de miedos y llantos,
que se cuelan sinuosos, se tamizan en cedazos
de pasiones, amores, ternuras y encantos.
Abrígate en el calor de mi hálito callado.
Mi hombro, tu almohada, de gemidos silentes.
Siente en tu cuello el ardor de mis labios,
que recorren suavidades sin disputas ni quebrantos.
Consuela la sombra de temores,
que atenazan tus voces silenciosas.
Desnúdate en oleadas de colores.
Hazte fuego de cascadas luminosas.
Recorre en tu mirar quieto y callado,
las palabras que salen de mi boca;
haz de ellas cuentas de un rosario,
que detalle el amor que me vuelve loca.
La brisa de tu piel en movimiento,
llega a mí, por fin, magna, poderosa.
En la risa de tus ojos pones el mayor acento,
y tu mano, amor mío, en la mía, una rosa.
en mil pequeñas esferas de miedos y llantos,
que se cuelan sinuosos, se tamizan en cedazos
de pasiones, amores, ternuras y encantos.
Abrígate en el calor de mi hálito callado.
Mi hombro, tu almohada, de gemidos silentes.
Siente en tu cuello el ardor de mis labios,
que recorren suavidades sin disputas ni quebrantos.
Consuela la sombra de temores,
que atenazan tus voces silenciosas.
Desnúdate en oleadas de colores.
Hazte fuego de cascadas luminosas.
Recorre en tu mirar quieto y callado,
las palabras que salen de mi boca;
haz de ellas cuentas de un rosario,
que detalle el amor que me vuelve loca.
La brisa de tu piel en movimiento,
llega a mí, por fin, magna, poderosa.
En la risa de tus ojos pones el mayor acento,
y tu mano, amor mío, en la mía, una rosa.
