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Plaza

Solsticio de primavera

Poeta fiel al portal
Plaza​


Mirando las blancas nubes pasar
Sobre un cielo celeste, la palmera
Posa con alas de mariposa, y crece
Junto a mí.
una orquesta amarilla y alazán, autumnal,
firuletea sobre una promontorio orbicular,
un anaranjado oro, vespertino,
tiñe la hojarasca que masca
las últimas partículas sobre los panicums.​

El enrejado es negro
Y
Garabateado
Como las cuñas
En los espejos
De los
Bondis.

Una inmensa glorieta
Donde bailan el tango
Donde sincopa el corazón al rugir
Los zapatos
Donde las mujeres son rojas o negras
¿Dónde?
En donde la glorieta restriega con sus manos costureras
Las tortas fritas.​

La plaza sigue, y bajan sus laderas
Hasta la marca de las asfálticas mareas,
Niños han jugado, ¡ah!, y seguirán con el ritual
Y las ofrendas y los vestigios.
Niños…, han crecido. ¡Nuevos Niños! ¡Ha jugar!​

Al niño le han de romper
Su osito preferido
A degollar
A desollar
Su oso preferido
Y con su piel tal sudario
Envolverán el nuevo regalo.​


(Ya no de envoltorio ambarino y de cintas enardecidas.)

El nuevo regalo es un símbolo de cruz,
Donde agoniza, cabizbajo y doloroso,
Un hombre lacerado, con clavos
Y corona de zarzarrosas.​

El niño ya neófito, miró al cielo
y hacia delante,
Y una lágrima, si no les digo les miento, se le escapó
Posado junta a una fuente
En un verde prado
En donde aljibes en donde tomillos en donde alondras
Miraban
Caer
La gota
Hasta el fondo
Insondable
Del estanque
De nenúfares
Verdes
y brillantes.

La gota nunca dejo de caer.
Perdida.
En una nódula interacción entre átomos
De oxígeno
Y el doble
De
Hidrógeno.​

Algo le dijo, años después, un trujamán, algo sobre
El amor como eje
Y los nucleicos rozándolo con sentimientos
Alternos.
Algo que había olvidado en la plaza sepultado.​

Ahora truenan como portentosos truhanes, funcionales,
El mundo de hoy, gélido, les heló los verdaderos regalos. El regalo
Del asombro, de la sorpresa innumera e ínfima. La opulencia, pedir
Fiado, afianzar las ligaduras, de nada sirve al final de la corrida. Como liebres sabemos,
Que el erizo astuto,
Los erizos astutos,
Son
Indelebles.

La Muerte conocida es impostergable, pero a la vez,
¡Como duelen
Sus espinas al clavarse
Junto
A la
Culpa!

Erizos demoníacos, más no, hermosos princesos
son lo que son.​

La inmortalidad sólo es conceptual, indicio
De la conciencia, arma de cualidad inagotable,
Doble hacha de luz reversible
Dejándonos inermes
Frente a la muerte.​


En vez de esto, vuelvo ahora sobre le predio,
Mis ojos se han enfocado
En dos pícaros enanos
Que persiguen cegados por lo abstracto
Un balón rojo
Como
El
De
Tique.

Bellacos, Rufianes y Villanos
Terminan de antemano
sus trabajos.
____________________________Encargos, Carteristas, Oficinistas
Terminan sus días adormecidos junto a la grama
De sus plazas, como cuando chicos
Pero ahora de grandes.​








Un vendedor de muñecas me llama desde el fondo de un zaguán.
Sus peplos añascos y
Ajados
Ocres
Apolillados.​




*se hace alusión al cuento tomado por los hermanos Grimm: “La Liebre y el Erizo”
 
el niño toma forma en estos ojos que nada han visto pero que sintieron el crepitar de la hojarasca, el ruido del balón rebortando en cada espacio hueco y esa lágrima que nunca se detuvo surcando cada estante de piel.
un delito no haberse sentado en aquel banquito que olvido describir.

K
 
Plaza​


Mirando las blancas nubes pasar
Sobre un cielo celeste, la palmera
Posa con alas de mariposa, y crece
Junto a mí.
una orquesta amarilla y alazán, autumnal,
firuletea sobre una promontorio orbicular,
un anaranjado oro, vespertino,
tiñe la hojarasca que masca
las últimas partículas sobre los panicams.​

El enrejado es negro
Y
Garabateado
Como las cuñas
En los espejos
De los
Bondis.

Una inmensa glorieta
Donde bailan el tango
Donde sincopa el corazón al rugir
Los zapatos
Donde las mujeres son rojas o negras
¿Dónde?
En donde la glorieta restriega con sus manos costureras
Las tortas fritas.​

La plaza sigue, y bajan sus laderas
Hasta la marca de las asfálticas mareas,
Niños han jugado, ¡ah!, y seguirán con el ritual
Y las ofrendas y los vestigios.
Niños…, han crecido. ¡Nuevos Niños! ¡Ha jugar!​

Al niño le han de romper
Su osito preferido
A degollar
A desollar
Su oso preferido
Y con su piel tal sudario
Envolverán el nuevo regalo.​


(Ya no de envoltorio ambarino y de cintas enardecidas.)

El nuevo regalo es un símbolo de cruz,
Donde agoniza, cabizbajo y doloroso,
Un hombre lacerado, con clavos
Y corona de zarzarrosas.​

El niño ya neófito, miró al cielo
y hacia delante,
Y una lágrima, si no les digo les miento, se le escapó
Posado junta a una fuente
En un verde prado
En donde aljibes en donde tomillos en donde alondras
Miraban
Caer
La gota
Hasta el fondo
Insondable
Del estanque
De nenúfares
Verdes
y brillantes.

La gota nunca dejo de caer.
Perdida.
En una nódula interacción entre átomos
De oxígeno
Y el doble
De
Hidrógeno.​

Algo le dijo, años después, un trujamán, algo sobre
El amor como eje
Y los nucleicos rozándolo con sentimientos
Alternos.
Algo que había olvidado en la plaza sepultado.​

Ahora truenan como portentosos truhanes, funcionales,
El mundo de hoy, gélido, les heló los verdaderos regalos. El regalo
Del asombro, de la sorpresa innumera e ínfima. La opulencia, pedir
Fiado, afianzar las ligaduras, de nada sirve al final de la corrida. Como liebres sabemos,
Que el erizo astuto,
Los erizos astutos,
Son
Indelebles.

La Muerte conocida es impostergable, pero a la vez,
¡Como duelen
Sus espinas al clavarse
Junto
A la
Culpa!

Erizos demoníacos, más no, hermosos princesos
son lo que son.​

La inmortalidad sólo es conceptual, indicio
De la conciencia, arma de cualidad inagotable,
Doble hacha de luz reversible
Dejándonos inermes
Frente a la muerte.​


En vez de esto, vuelvo ahora sobre le predio,
Mis ojos se han enfocado
En dos pícaros enanos
Que persiguen cegados por lo abstracto
Un balón rojo
Como
El
De
Tique.

Bellacos, Rufianes y Villanos
Terminan de antemano
sus trabajos.
____________________________Encargos, Carteristas, Oficinistas
Terminan sus días adormecidos junto a la grama
De sus plazas, como cuando chicos
Pero ahora de grandes.​








Un vendedor de muñecas me llama desde el fondo de un zaguán.
Sus peplos añascos y
Ajados
Ocres
Apolillados.​




*se hace alusión al cuento tomado por los hermanos Grimm: “La Liebre y el Erizo”

excelente, my brother, tadas esa imagenes un el frenesí de un intantante. Aunque mi comentario no sea La gota Hasta el fondo Insondable Del estanque De nenúfares Verdes y brillantes. un gusto leerte, un abrazo.
 

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