Miriam Camelo
Poeta recién llegado
Entraste en mí hasta el sacrificio
y el fuego de tu sangre,
me arrinconó en mis propias verdades,
volcaste las canteras de tus ojos
en mi verbo hecho carne y poesía
diciendo "amor", con el rechinar de los dientes,
circular en mi locura
soy asidua lectora de tus armas
¡Oh, mi dulce soldado adyacente!
Elijo las palabras que se escondan
cada hora, en el bolsillo de tu lado izquierdo
allí, seguirán declamando en ecos
el asombro de lo alcanzado,
el alma ha cerrado sus párpados
guardando bajo las pestañas
el pan y el vino
de la última cena.
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