esthergranados
Poeta adicto al portal
Después de un rato de lectura, se preparó una copa de vino que degustó con los ojos cerrados y dejando que los recuerdos de aquella noche la transportaran al lugar de entonces. Se pasó la lengua por los labios para no desperdiciar ni una gota del líquido rojo que contenía el cristal. Un calambre de placer la recorrió de arriba abajo al recordarle. Volvió a sentir el soplo de su aliento junto a su boca; el olor de su piel cuando enterró la cabeza en el hueco de su clavícula; la crispación violenta de sus dedos al descubrir la imagen de la luna en el espejo. Pensó que nunca era demasiado pronto para la pasión, ni demasiado tarde para la locura. Se asomó a la ventana y miró al cielo. Quedaban dos días para el plenilunio y tenía otra cita. Acercó la copa de vino a sus labios y admitió, después de saborearlo, que siempre le gustó más el sabor metálico de la sangre.