Pobre de mi tristeza

Heriberto Bravo

Poeta recién llegado
Siento tristeza y siento
necesidad de amarla.
¡Pobre de mi tristeza
si yo la rechazara!
No la puedo tocar,
no sé dónde ubicarla.
Nunca sé cuándo llega
ni sé cuándo se marcha.

Es tan polifacética,
se viste de fantasma,
hoy con un traje negro
y un traje gris mañana.
Ya aparece en mis ojos
como una masacrada
mirada ajena, turbia,
que reprime sus lágrimas,
o inquieta y desolada
se esconde misteriosa
en el fondo de mi alma.

¡Pobre de mi tristeza!
Nadie la quiere, nadie.
Todos dicen que tienen
la suya y que les basta.
Si quiero compartirles
un poco de la mía,
la destestan y dicen:
"¿por qué debo aceptarla?"

Ella llega a mi alma
como Pedro a su casa.
No le importa que estén
abiertas o cerradas
las puertas. Ella llega
con su cara manchada,
con su vestido roto
que imita a la nostalgia.
Cuando menos lo espero
ya la encuentro instalada
haciendo de las suyas
furtiva, agazapada.

Hay veces en que llega
tan triste mi tristeza,
viene tan tristemente,
tan herida y ajada,
tan mísera y raquítica
y tan destartalada,
que apenas si percibo
sus voces apagadas.

Me invade sigilosa
y al corazón contagia,
que pareciera, triste,
disminuir su marcha.
Entonces se apodera
del sol que se amortaja
de un velo blanquecino
que pareciera escarcha.
Su brillo debilita,
su luz se torna opaca.

En ocasiones llega
mi tristeza borracha,
eructando amarguras
de estridente alharaca;
llega ruidosamente
y en mi cara se planta.
Se queda todo el tiempo
que quiere. Al fin no paga...
Cuando se ausenta, pienso
por qué lugares vaga,
o dónde se entretiene
cuando logro ahuyentarla,
quién le dará cobijo
o quién querrá alojarla.
¡Pobre de mi tristeza
si yo la rechazara...!

Yo quiero a mi tristeza
como parte muy íntima,
como a un huésped sin rostro
desgraciado y sin gracia.
La quiero por su férrea
fidelidad probada,
pues cuando todo mundo
me abandona, ella llega,
permanece conmigo
callada, resignada,
y en mis desventuradas
horas, fiel me acompaña.​
Heriberto Bravo Bravo
 
Siento tristeza y siento
necesidad de amarla.
¡Pobre de mi tristeza
si yo la rechazara!
No la puedo tocar,
no sé dónde ubicarla.
Nunca sé cuándo llega
ni sé cuándo se marcha.

Es tan polifacética,
se viste de fantasma,
hoy con un traje negro
y un traje gris mañana.
Ya aparece en mis ojos
como una masacrada
mirada ajena, turbia,
que reprime sus lágrimas,
o inquieta y desolada
se esconde misteriosa
en el fondo de mi alma.

¡Pobre de mi tristeza!
Nadie la quiere, nadie.
Todos dicen que tienen
la suya y que les basta.
Si quiero compartirles
un poco de la mía,
la destestan y dicen:
"¿por qué debo aceptarla?"

Ella llega a mi alma
como Pedro a su casa.
No le importa que estén
abiertas o cerradas
las puertas. Ella llega
con su cara manchada,
con su vestido roto
que imita a la nostalgia.
Cuando menos lo espero
ya la encuentro instalada
haciendo de las suyas
furtiva, agazapada.

Hay veces en que llega
tan triste mi tristeza,
viene tan tristemente,
tan herida y ajada,
tan mísera y raquítica
y tan destartalada,
que apenas si percibo
sus voces apagadas.

Me invade sigilosa
y al corazón contagia,
que pareciera, triste,
disminuir su marcha.
Entonces se apodera
del sol que se amortaja
de un velo blanquecino
que pareciera escarcha.
Su brillo debilita,
su luz se torna opaca.

En ocasiones llega
mi tristeza borracha,
eructando amarguras
de estridente alharaca;
llega ruidosamente
y en mi cara se planta.
Se queda todo el tiempo
que quiere. Al fin no paga...
Cuando se ausenta, pienso
por qué lugares vaga,
o dónde se entretiene
cuando logro ahuyentarla,
quién le dará cobijo
o quién querrá alojarla.
¡Pobre de mi tristeza
si yo la rechazara...!

Yo quiero a mi tristeza
como parte muy íntima,
como a un huésped sin rostro
desgraciado y sin gracia.
La quiero por su férrea
fidelidad probada,
pues cuando todo mundo
me abandona, ella llega,
permanece conmigo
callada, resignada,
y en mis desventuradas
horas, fiel me acompaña.​
Heriberto Bravo Bravo


Ojala poeta amigo pronto alguien quiera a tu tristeza que se ve triste que esta desesperada que tu poema fue labrado con grandes imagenes muy bellas verdaderamente todos tus renglones los he disfrutado mucho busca alguien que a la triste gaga sonreir hermoso poema un placer leerte poeta.
 
NUEVO TALENTO
12.04.2008

(Seleccionado por la administración entre
usuarios con menos de un mes en el portal
o menos de 30 poemas publicados)


nuevostalentosho1.jpg
 
Escribes muy bien !!!!!!
Te felicito !!!!!!!
Eres muy buen poeta....
Disfrute leyendo tus poemas, cada linea y cada palabraa..
 
Gracias Heriberto por dibujarla y engrandecerla...no todos tienen la fortaleza de acogerla y abrazarla...yo tengo a la mía pegadita al alma y la adoro así con sus grietitas que transitan libres por mis emociones.

Un fuerte abrazo por esta pieza de colección.!
 
Siento tristeza y siento
necesidad de amarla.
¡Pobre de mi tristeza
si yo la rechazara!
No la puedo tocar,
no sé dónde ubicarla.
Nunca sé cuándo llega
ni sé cuándo se marcha.

Es tan polifacética,
se viste de fantasma,
hoy con un traje negro
y un traje gris mañana.
Ya aparece en mis ojos
como una masacrada
mirada ajena, turbia,
que reprime sus lágrimas,
o inquieta y desolada
se esconde misteriosa
en el fondo de mi alma.

¡Pobre de mi tristeza!
Nadie la quiere, nadie.
Todos dicen que tienen
la suya y que les basta.
Si quiero compartirles
un poco de la mía,
la destestan y dicen:
"¿por qué debo aceptarla?"

Ella llega a mi alma
como Pedro a su casa.
No le importa que estén
abiertas o cerradas
las puertas. Ella llega
con su cara manchada,
con su vestido roto
que imita a la nostalgia.
Cuando menos lo espero
ya la encuentro instalada
haciendo de las suyas
furtiva, agazapada.

Hay veces en que llega
tan triste mi tristeza,
viene tan tristemente,
tan herida y ajada,
tan mísera y raquítica
y tan destartalada,
que apenas si percibo
sus voces apagadas.

Me invade sigilosa
y al corazón contagia,
que pareciera, triste,
disminuir su marcha.
Entonces se apodera
del sol que se amortaja
de un velo blanquecino
que pareciera escarcha.
Su brillo debilita,
su luz se torna opaca.

En ocasiones llega
mi tristeza borracha,
eructando amarguras
de estridente alharaca;
llega ruidosamente
y en mi cara se planta.
Se queda todo el tiempo
que quiere. Al fin no paga...
Cuando se ausenta, pienso
por qué lugares vaga,
o dónde se entretiene
cuando logro ahuyentarla,
quién le dará cobijo
o quién querrá alojarla.
¡Pobre de mi tristeza
si yo la rechazara...!

Yo quiero a mi tristeza
como parte muy íntima,
como a un huésped sin rostro
desgraciado y sin gracia.
La quiero por su férrea
fidelidad probada,
pues cuando todo mundo
me abandona, ella llega,
permanece conmigo
callada, resignada,
y en mis desventuradas
horas, fiel me acompaña.​
Heriberto Bravo Bravo


Me ha llegado al alma... ¡Tristeza, trsiteza mía!, aplausos, besos y estrellas, muuuacks!:::hug::::::hug::::::hug:::
 

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