David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
¿Podré pintar con bellas palabras tu sonrisa?
¿Imitar a Velázquez como si fuera un juego?
¿Qué podría decir de tus labios? ¡Un fuego,
deseo de la llama, que quema y que no avisa!
Pintaría tu boca de miel... ¡tan bella y lisa!
¡Pintaría tus labios a los que siento apego
como pétalos tenues, donde mi vida entrego
en un sopo de aire más débil que la brisa!
Pintaría dos surcos con trazo lento y suave,
dos almas por sí solas que apenas tienen peso,
dos alas, blancas, puras, espléndidas de un ave.
Pintaría dos dagas que anhelan un suceso,
dos guardias de un secreto que espera bajo llave
abrirse entero al mundo al proyectar un beso.
¿Imitar a Velázquez como si fuera un juego?
¿Qué podría decir de tus labios? ¡Un fuego,
deseo de la llama, que quema y que no avisa!
Pintaría tu boca de miel... ¡tan bella y lisa!
¡Pintaría tus labios a los que siento apego
como pétalos tenues, donde mi vida entrego
en un sopo de aire más débil que la brisa!
Pintaría dos surcos con trazo lento y suave,
dos almas por sí solas que apenas tienen peso,
dos alas, blancas, puras, espléndidas de un ave.
Pintaría dos dagas que anhelan un suceso,
dos guardias de un secreto que espera bajo llave
abrirse entero al mundo al proyectar un beso.