SONRISA
Poeta adicto al portal
Madre Tierra, índigo espejismo
enclavada estás
en el espiral de la vía Láctea,
adoradora del dios de mis ancestros
acrisolas tu sangre serena,
glauca fibra palpitante de tu armadura.
¡Oh, Madre azul!
De tu légamo,
brotaron millones de organismos
diseminados en espacios multiformes,
disímiles materias,
pintores que engendraron lienzos
de onomatopéyicos estadios,
endosados a nuestros sentidos,
en el paso imperceptible de nuestras vidas.
Diosa Gea, femínea y fecunda,
translúcida de sedas aguamarina
danzas sempiterna
ante las pupilas enervantes de tu estrella,
madre natural, cargas tus hijos
en los pliegues de tu piel,
tersura profanada,
escaldadas llagas por dientes abrasivos.
Nido garzo y húmedo,
único en estos planos,
núbil en tus eras
eres el mayor suspiro de la galaxia
y a ella entregas tu alma,
ejemplo vivo del escultor intangible.
¡Tierra, te amo!
en el mutismo de mi alma
y con la linfa hirviente.
¿Y tu membrana, tus huesos calizos
tus mil ojos de dulces aguas
bajo mustios esteros esmeraldados,
escurridizos entre tus valles
llanuras y montañas… quién los cuidará?
Guardiana soy, carne de tu carne,
molécula formada en algún poro de tu dermis,
piélagos,
bitácoras saladas de nuestro sistema,
en ellos se escribieron tus edades,
tus conflictos
tu historia y tu belleza,
escenario para la danza alegre de los seres vivos.
Horadando en tu vientre,
se rasgan tus nervios sin clemencia
desaguando tus fluidos,
gimes
te levantas
lloras
te revuelcas
y suplicas despavorida,
tu hálito preciado, oxígeno casto
devuelto es, envenenado.
¡Oh hermosa tierra!
¿Qué heredarán los hijos de tus hijos?
De concreto están salpicadas tus riberas
y viciados de muerte los jardines.
¿En dónde anidarán las golondrinas?
¿En que lugar el desove del cardumen?
¿En qué huerto florecerá la paz
y respeto por tu morada?
Última edición: