Penetración del alma, no del cuerpo
sin espasmos, jadeos, ni sudores
con la serenidad de los espejos
que devuelven la imagen, inmutables,
pero siempre se la quedan dentro.
Hubo intensa quietud sensual, sin gestos
mutua posesión, caricias encendidas
arrebato sexual, dormido el sexo.
sin espasmos, jadeos, ni sudores
con la serenidad de los espejos
que devuelven la imagen, inmutables,
pero siempre se la quedan dentro.
Hubo intensa quietud sensual, sin gestos
mutua posesión, caricias encendidas
arrebato sexual, dormido el sexo.