Hirs Balfour
Poeta asiduo al portal
(Marzo, abril, mayo)
Se cae la hoja zaguera,
introspectiva sobre mi frente,
y me dice que todo acaba y vuelve.
Es un viento predilecto;
me ata a la silla
y me lleva a ningún lugar
y a todos a la vez;
a la memoria de conocerte en el tacto.
Un viento apóstol,
predicador de las desdichas
del infinito querer.
(Junio)
Las horas de la destemplanza
arraigada dentro de ti.
Amor que se fuga
cuando el febo esconde la cara
y canta su llanto sobre la tierra,
que me traga.
Sin oportunidad,
yo camino el camino,
fiel a esta carga de nubes negras
desprendida en la espalda.
(Julio, agosto)
Patinando sobre la duda
que nos dibuja la distancia
en la escarcha del jardín,
hoy, mis manos y pies deambulan,
azafranados,
y el frío los muerde.
Empedernido, llegaré a ti,
al refugio donde sanaré;
no seré sicatriz del olvido
a la orilla de tu regazo.
(Septiembre, octubre noviembre)
Las horas bailoteando en mi mano,
fuera del tiempo en que el cielo
se desprende sobre ambos.
Tersa la piel en acuarelas;
difuminada, sobre mí, la mirada.
No conozco sufrimiento alguno
en tu cúmulo estelar,
tampoco sé de lágrimas
si tu perfil es al final del sendero.
(Diciembre)
Ocasionales en forma,
nuestros litigios tormentosos
descanzan en paz al escaparse
una melodía de tu sonreir,
la lira mágica
que es trigo en el desierto.
Puedo atraparlos,
guardarlos en el cajón,
y así,
sobrevivir a cada tempestad.
(Enero, febrero)
Es la estrella del carnaval
avivando mi sueño último,
llevarte de luna en luna
y revivir en un pétalo de tu vientre.
Refresca el calor
de estas gotas trepidantes.
Refresca y fluye libre,
manantial de terciopelo.
Rastreo el paréntesis final,
un nuevo sello eterno
lloviendo de tus áureos labios.
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