Marcelo Galliano
Poeta recién llegado
de Marcelo Galliano
Hoy voy a despedirme. Como todas las cosas
decir adiós conlleva su tiempo y su ritual,
sabrás que en primavera florecen nuevas rosas,
hay otras más tempranas pero prosperan mal.
Por eso me he tomado yo el tiempo necesario
para decirte todo lo que pueda doler,
y lo que ahora no diga será un vano rosario
de cuentas y secretos que nadie va a creer.
Adiós, entonces, dama delicada y paciente,
adiós hembra de noches de acalorado amar,
ambas llevo en el alma, ambas llevo en mi frente,
y esas dos fueron una difícil de explicar.
No creas que al marcharme no me invaden las penas,
porque hubo cosas bellas que nunca olvidaré,
y si bien -¡cal y arena!- hubo malas y buenas
serán siempre las buenas las que recordaré.
No me verás ya nunca adherido a tu reja,
ni el asma de la noche perfumará tu hogar,
y ya no oiremos juntos la más lograda queja
de algún gorrión insomne bajo el rayo lunar.
No habitarás mis sueños con sigiloso paso,
no estarás en mi prosa ni en mi verso mejor
y beberé otro vino mas no será en tu vaso
y sufriré otra herida pero no tu dolor.
Habrá miles de tardes pero ninguna nuestra
y cientos de mentiras sin nadie a quien mentir,
y quedará el silencio como la dura muestra
de las promesas viejas que optaron por morir.
Adiós, mujer, perdona si no fui el que quisiste
es engañoso a veces hasta el más suave mar,
porque en las olas mismas, invisible, persiste
el posesivo instinto de querer atrapar.
Es tan sabia la vida nos gestará caminos
distintos y lejanos, ni me verás morir,
y si esa vida sabia nos cruza los destinos
también los dos sabremos sin esfuerzo fingir.
Y en cuanto a estas palabras no les hagas ni caso
todo poeta es un ave que el viento se robó,
y así, polvo en el viento, me llevará el ocaso,
y nadie en este mundo sabrá quién te escribió.
__________________________​_______
Poema registrado. Todos los derechos reservados.
Se permite la reproducción citando al autor
Hoy voy a despedirme. Como todas las cosas
decir adiós conlleva su tiempo y su ritual,
sabrás que en primavera florecen nuevas rosas,
hay otras más tempranas pero prosperan mal.
Por eso me he tomado yo el tiempo necesario
para decirte todo lo que pueda doler,
y lo que ahora no diga será un vano rosario
de cuentas y secretos que nadie va a creer.
Adiós, entonces, dama delicada y paciente,
adiós hembra de noches de acalorado amar,
ambas llevo en el alma, ambas llevo en mi frente,
y esas dos fueron una difícil de explicar.
No creas que al marcharme no me invaden las penas,
porque hubo cosas bellas que nunca olvidaré,
y si bien -¡cal y arena!- hubo malas y buenas
serán siempre las buenas las que recordaré.
No me verás ya nunca adherido a tu reja,
ni el asma de la noche perfumará tu hogar,
y ya no oiremos juntos la más lograda queja
de algún gorrión insomne bajo el rayo lunar.
No habitarás mis sueños con sigiloso paso,
no estarás en mi prosa ni en mi verso mejor
y beberé otro vino mas no será en tu vaso
y sufriré otra herida pero no tu dolor.
Habrá miles de tardes pero ninguna nuestra
y cientos de mentiras sin nadie a quien mentir,
y quedará el silencio como la dura muestra
de las promesas viejas que optaron por morir.
Adiós, mujer, perdona si no fui el que quisiste
es engañoso a veces hasta el más suave mar,
porque en las olas mismas, invisible, persiste
el posesivo instinto de querer atrapar.
Es tan sabia la vida nos gestará caminos
distintos y lejanos, ni me verás morir,
y si esa vida sabia nos cruza los destinos
también los dos sabremos sin esfuerzo fingir.
Y en cuanto a estas palabras no les hagas ni caso
todo poeta es un ave que el viento se robó,
y así, polvo en el viento, me llevará el ocaso,
y nadie en este mundo sabrá quién te escribió.
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Poema registrado. Todos los derechos reservados.
Se permite la reproducción citando al autor