Amalia
Poeta recién llegado
Desde la vereda de la angustia te escribo,
con la certeza de que has aliviado tu dolor,
Que tus heridas ya no son,
que el tiempo de tu partida no permitió al rocío
superar tus lágrimas de aquel día,
que la opresión de tu corazón
terminó en el momento en que dejó de latir...
Quisiera verte hoy, para acogerte en mis brazos y llorar contigo,
para decirte que entiendo tu decisión...
Cuanto nos da la vida y cuanto nos quita a la vez,
como las alas de mariposas bajo el granizo
Se esfumaron los sueños bajo la angustia.
Cobardía o libertad, no lo se,
solo puedo sentir el recuerdo de tu risa de niña pequeña,
Que mezclada con la lluvia de tus ojos,
me llevó a mi infancia, a los laberintos de tu mente,
¿Donde duermes hoy?
Desde la paz del silencio en que te has perdido
y sin conciencia de un planeta girando cada vez mas rápido
y extiendo mis manos a tu recuerdo,
buscando los motivos para permanecer.
Que verdad mas cierta de la diferencia en cada uno de nosotros,
lo que da sentido a algunos es el sinsentido de otros.
¿Donde quedaron los pétalos que deshojaste durante tu alegría?
¿Donde se perdió la sabia que te dio la energía?
Y si tan solo pudieras responderme, aun cuando se que no es posible.
¿Donde está la mía?
Si las herramientas para combatir el dolor desde el vientre fueran las mismas
Cuantos luchadores al cien por ciento tendría este jardín de espinas,
Y en el camino de piedras que yo sembré para mi en la vida
Estos pies ya destrozados por mi porfía, sufren el dolor de
Sentirme perdida... veo las señales... pero no me guían...
Los laberintos de mi mente se han encontrado, con tu partida...
Desde ahí analizo lo que me queda,
las pupilas que son casi mías,
De ese cuerpo frágil que es mi sangre
y parte de mi vida y me pregunto y reafirmo.
Respira, Andrea, respira,
puede que un día necesite de tus brazos, a pesar de todo
Tu pequeña niña.
Y con los pies rotos y la mente perdida
llegues a ella para abrazar su vida y llorar a su lado
las lluvias de sus días
y solo la contengas para ofrecerle un siguiente día.
con la certeza de que has aliviado tu dolor,
Que tus heridas ya no son,
que el tiempo de tu partida no permitió al rocío
superar tus lágrimas de aquel día,
que la opresión de tu corazón
terminó en el momento en que dejó de latir...
Quisiera verte hoy, para acogerte en mis brazos y llorar contigo,
para decirte que entiendo tu decisión...
Cuanto nos da la vida y cuanto nos quita a la vez,
como las alas de mariposas bajo el granizo
Se esfumaron los sueños bajo la angustia.
Cobardía o libertad, no lo se,
solo puedo sentir el recuerdo de tu risa de niña pequeña,
Que mezclada con la lluvia de tus ojos,
me llevó a mi infancia, a los laberintos de tu mente,
¿Donde duermes hoy?
Desde la paz del silencio en que te has perdido
y sin conciencia de un planeta girando cada vez mas rápido
y extiendo mis manos a tu recuerdo,
buscando los motivos para permanecer.
Que verdad mas cierta de la diferencia en cada uno de nosotros,
lo que da sentido a algunos es el sinsentido de otros.
¿Donde quedaron los pétalos que deshojaste durante tu alegría?
¿Donde se perdió la sabia que te dio la energía?
Y si tan solo pudieras responderme, aun cuando se que no es posible.
¿Donde está la mía?
Si las herramientas para combatir el dolor desde el vientre fueran las mismas
Cuantos luchadores al cien por ciento tendría este jardín de espinas,
Y en el camino de piedras que yo sembré para mi en la vida
Estos pies ya destrozados por mi porfía, sufren el dolor de
Sentirme perdida... veo las señales... pero no me guían...
Los laberintos de mi mente se han encontrado, con tu partida...
Desde ahí analizo lo que me queda,
las pupilas que son casi mías,
De ese cuerpo frágil que es mi sangre
y parte de mi vida y me pregunto y reafirmo.
Respira, Andrea, respira,
puede que un día necesite de tus brazos, a pesar de todo
Tu pequeña niña.
Y con los pies rotos y la mente perdida
llegues a ella para abrazar su vida y llorar a su lado
las lluvias de sus días
y solo la contengas para ofrecerle un siguiente día.