Como buey tirando,
arrastra el amanecer
de rey vestido,
al día.
En su mano... una copa blanca,
con el brebaje que mi cuerpo sediento bebe.
Me calzo yo
armadura, escudo y espada
y de nuevo a la lucha,
escalón por escalón,
matando mil veces mi sombra,
degollando las horas,
hasta el descanso...
en la mitad de la batalla
cuando el rey es más rey.
Mi corazón a cuestas
subo herido,
llegando al castillo ya vacío de cuervos
donde el olor a luna quemada
aun siento.
Como un cuadro,
la paz, en el ultimo recinto colgada yace.
Me visto de nuevo,
de sueños, de estrellas,
y muy tarde la noche,
mi princesa,
por la luz vuelve a morir envenenada.