javierzoe
Poeta recién llegado
5
Si se me concediera el cielo y todas las estrellas, o un tesoro con todas las riquezas más inmensas, nada sería comparable a ésta alegría: un pequeño trozo de tierra que me recuerde, siempre, la melodía del color afectuoso de tus ojos, Princesa.
6
En un día de hastío de verano siéntate a contemplar a aquellos que pasan sin detenerse, y observa sus rostros de sonrisas y tristezas.
Por un momento detente en su recuerdo.
Son flores nacidas en un instante sin sentido, mustiándose sin dar fruto.
Así, en silencio, deja salir sonrisas y lágrimas que quedaron aplazadas, déjalas ir tras las huellas de los que pasaron.
Serán como hojas caídas de las flores de una pesada noche.
Dejarán huecos por donde la música de la vida surgirá mostrándose simple y evidente.
7
Estando junto a ti, Princesa, hay veces que no tengo necesidad de pensar ni de expresar, tan sólo sentir.
A veces eso basta para escribir una canción en el corazón y cantártela en el silencio de las manos, o tejer una pulsera de poemas para ceñirla en tu muñeca; o crear perlas de poesía trenzándolas en el aire de tu pelo.
A veces una mirada es la palabra necesaria para surcar las olas levantadas por la tormenta de la vida y, como velero poderoso, llevarte hasta las aguas que parecen dormir acunadas por un sueño silente.
A veces tus ojos alejan las sombras el mediodía, y al atardecer, sin saber de donde, florecen sentimentales lirios de silencio.
Si se me concediera el cielo y todas las estrellas, o un tesoro con todas las riquezas más inmensas, nada sería comparable a ésta alegría: un pequeño trozo de tierra que me recuerde, siempre, la melodía del color afectuoso de tus ojos, Princesa.
6
En un día de hastío de verano siéntate a contemplar a aquellos que pasan sin detenerse, y observa sus rostros de sonrisas y tristezas.
Por un momento detente en su recuerdo.
Son flores nacidas en un instante sin sentido, mustiándose sin dar fruto.
Así, en silencio, deja salir sonrisas y lágrimas que quedaron aplazadas, déjalas ir tras las huellas de los que pasaron.
Serán como hojas caídas de las flores de una pesada noche.
Dejarán huecos por donde la música de la vida surgirá mostrándose simple y evidente.
7
Estando junto a ti, Princesa, hay veces que no tengo necesidad de pensar ni de expresar, tan sólo sentir.
A veces eso basta para escribir una canción en el corazón y cantártela en el silencio de las manos, o tejer una pulsera de poemas para ceñirla en tu muñeca; o crear perlas de poesía trenzándolas en el aire de tu pelo.
A veces una mirada es la palabra necesaria para surcar las olas levantadas por la tormenta de la vida y, como velero poderoso, llevarte hasta las aguas que parecen dormir acunadas por un sueño silente.
A veces tus ojos alejan las sombras el mediodía, y al atardecer, sin saber de donde, florecen sentimentales lirios de silencio.