Malex
Poeta recién llegado
A mi maestro y amigo
Rogelio Treviño Montijo.
¿Dónde está usted, Poeta Tempestad?
que ya no veo, ya no siento,
esa mano morena amiga de todos,
se ha perdido el orlado compás de su experiencia.
Mas no es para siempre,
sé que mañana usted saldrá del alba
y lo veré caminar entre los surcos
de rubicunda manzana donde seguramente
pasará la noche.
No permita gran amigo,
que tontos vicios
traben el camino
de páginas aún no escritas,
no queme en un cigarrillo malhecho
el impetu de un joven poeta en reposo
que sigue ahí
en alguna parte de su corazón papirofléxico.
Algún día no muy distante,
sus pájaros de tinta volverán
y se posarán en sus hombros
como agradecimiento,
se irán con usted
y en ese caso
no podrá reclamar.
Se pueden ver las hormigas
que caminan en sus arrugas de la frente
como cargando la semilla de sus pensamientos.
¿cómo caíste?
¿por qué dejó que la lírica
se ahogara en alcohol??
debió caminar a un lado de la vereda,
debió caminar
sobre la corteza de esos pinos marchitos.
La ciudad le busca de repente,
asoma sus rostros arquitectónicos
para encontrar su caminar sereno.
¿Dónde está usted, Poeta Tempestad?
Rogelio Treviño Montijo.
¿Dónde está usted, Poeta Tempestad?
que ya no veo, ya no siento,
esa mano morena amiga de todos,
se ha perdido el orlado compás de su experiencia.
Mas no es para siempre,
sé que mañana usted saldrá del alba
y lo veré caminar entre los surcos
de rubicunda manzana donde seguramente
pasará la noche.
No permita gran amigo,
que tontos vicios
traben el camino
de páginas aún no escritas,
no queme en un cigarrillo malhecho
el impetu de un joven poeta en reposo
que sigue ahí
en alguna parte de su corazón papirofléxico.
Algún día no muy distante,
sus pájaros de tinta volverán
y se posarán en sus hombros
como agradecimiento,
se irán con usted
y en ese caso
no podrá reclamar.
Se pueden ver las hormigas
que caminan en sus arrugas de la frente
como cargando la semilla de sus pensamientos.
¿cómo caíste?
¿por qué dejó que la lírica
se ahogara en alcohol??
debió caminar a un lado de la vereda,
debió caminar
sobre la corteza de esos pinos marchitos.
La ciudad le busca de repente,
asoma sus rostros arquitectónicos
para encontrar su caminar sereno.
¿Dónde está usted, Poeta Tempestad?
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