Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Póker
Por una mujer apostada
mi apuesta estuvo perdida...
Ella, enamorada,
de mi apuesta se reía.
Tan grande fue y molesta
la mano que abrió la partida,
que un hombre sin mano se acuesta
si no es con la mano querida.
Qué suerte la de los mancos,
ni eligen ni tienen cosida
la palma de ojos que blancos
están remarcando su vida.
Yo cojo del mazo y reparto
mujeres de almas candentes,
las cartas están boca abajo
y nadie con ellas se atreve.
Por fin, lo dijo un iluso,
la mía es la dama que escojo,
todos a una, corazones difusos,
esperando que no fuera un rombo.
Un trébol salió de primera
y suerte para el que lo tenga,
la pica te pica y ni mojo:
qué cómodo es ser palmera
sin hombre que la detenga
vestida al latido de rojo.
Se termina la jugada
y se marchan con la suerte,
los que jugando pasaban
esperando el amor, y la muerte.
Por una mujer apostada
mi apuesta estuvo perdida...
Ella, enamorada,
de mi apuesta se reía.
Tan grande fue y molesta
la mano que abrió la partida,
que un hombre sin mano se acuesta
si no es con la mano querida.
Qué suerte la de los mancos,
ni eligen ni tienen cosida
la palma de ojos que blancos
están remarcando su vida.
Yo cojo del mazo y reparto
mujeres de almas candentes,
las cartas están boca abajo
y nadie con ellas se atreve.
Por fin, lo dijo un iluso,
la mía es la dama que escojo,
todos a una, corazones difusos,
esperando que no fuera un rombo.
Un trébol salió de primera
y suerte para el que lo tenga,
la pica te pica y ni mojo:
qué cómodo es ser palmera
sin hombre que la detenga
vestida al latido de rojo.
Se termina la jugada
y se marchan con la suerte,
los que jugando pasaban
esperando el amor, y la muerte.