El hombre del porsaco
Poeta recién llegado
¿Dónde irá ahora esta mujer?,
¡qué lastre de secretaria!,
todo el día dando vueltas
con la urna funeraria.
Mira que le he dicho veces
que deje en paz a mi padre,
que su jefe ahora soy yo
y ni la puerta me abre.
Sé que se la lleva al baño
y éso si que no lo admito,
toda la empresa escuchando
sus gemidos y sus gritos.
Luego sale polvorienta
y se sacude en mi mesa,
su forma de recordarme
que él fué quien fundó la empresa.
Tiene edad de jubilarse
y aún se hace dos coletas,
no entiende de ordenadores
pero es experta en braguetas.
Y no puedo despedirla,
mi padre lo dejó escrito,
un detalle por hacerle
bajo mesa trabajitos.
Ayer la encontré llorando
con la urna destapada,
con tanto viaje al baño
ya no queda casi nada.
Hasta el pésame le dí
y entonces cogió mi mano
anunciándome dichosa
que pronto tendré un hermano.
Fué el reir de la oficina
pues la historia tenía miga
hasta que a los cuatro meses
nos enseñó la barriga.
Aunque sé que es imposible
¡qué nueve meses mas largos!,
ahora está sobre mi mesa
con los dolores de parto.
Me asomo y veo que viene,
no ha hecho falta ni cesárea,
¡qué impresión al ver la tapa
de la urna funeraria!.
Me pide que se la entregue
y comprueba que está llena,
comenta que ha sido duro
pero ha valido la pena.
Así que ya tengo hermano
aunque venga incinerado
y en una espiral de incesto
para el baño nos turnamos.
¡qué lastre de secretaria!,
todo el día dando vueltas
con la urna funeraria.
Mira que le he dicho veces
que deje en paz a mi padre,
que su jefe ahora soy yo
y ni la puerta me abre.
Sé que se la lleva al baño
y éso si que no lo admito,
toda la empresa escuchando
sus gemidos y sus gritos.
Luego sale polvorienta
y se sacude en mi mesa,
su forma de recordarme
que él fué quien fundó la empresa.
Tiene edad de jubilarse
y aún se hace dos coletas,
no entiende de ordenadores
pero es experta en braguetas.
Y no puedo despedirla,
mi padre lo dejó escrito,
un detalle por hacerle
bajo mesa trabajitos.
Ayer la encontré llorando
con la urna destapada,
con tanto viaje al baño
ya no queda casi nada.
Hasta el pésame le dí
y entonces cogió mi mano
anunciándome dichosa
que pronto tendré un hermano.
Fué el reir de la oficina
pues la historia tenía miga
hasta que a los cuatro meses
nos enseñó la barriga.
Aunque sé que es imposible
¡qué nueve meses mas largos!,
ahora está sobre mi mesa
con los dolores de parto.
Me asomo y veo que viene,
no ha hecho falta ni cesárea,
¡qué impresión al ver la tapa
de la urna funeraria!.
Me pide que se la entregue
y comprueba que está llena,
comenta que ha sido duro
pero ha valido la pena.
Así que ya tengo hermano
aunque venga incinerado
y en una espiral de incesto
para el baño nos turnamos.