Por encima del hombro me miras tenso,
con desdén te preguntas qué es lo que pienso,
con fastidio murmuras por mi presencia
y de reojo te fijas en mi apariencia.
En tu país, opinas, que estoy de más
y que vengo a quitar trabajo además,
o que de ayudas sólo quiero vivir,
y que no tuve causa para venir.
Mas tomo los trabajos que nadie quiere,
limpio tu mierda que a mi ropa se adhiere
y cojo tu cosecha en polvo y sudor,
para que tu familia viva mejor.
Para ti progresar es cambiar de coche.
Para mí, atravesar el mar por la noche
en un cayuco lleno de hambre y un sueño,
que nadie escupa sangre a favor de un dueño.
Prosperar para ti es tener dos viviendas
y poder hacer compras en caras tiendas.
Para mí, compartir un piso hacinado
y comer cada día en sitio abrigado
Cuando en mi tiempo libre me uno a mi gente,
porque a tu hijo no dejas que me frecuente,
recelas y sospechas de mi intención,
crees que cometeré cualquier mala acción.
No vuelvas la cabeza al verme avanzar
vendiendo baratijas falsas en el bar,
ni me ignores con gesto seco y adusto,
no me paso en las calles horas por gusto.
Piensa antes de negarte a darme cobijo
que hace quinientos años tu pueblo dijo
que eran común el sol, el agua y la tierra,
pero en vez de avanzar tu mente se cierra.
Noto tu malestar, siento tu desdén,
y como el refugiado que pierde el tren,
o el siervo que se inclina ante su señor,
como un leproso, así sufro yo el dolor.
con desdén te preguntas qué es lo que pienso,
con fastidio murmuras por mi presencia
y de reojo te fijas en mi apariencia.
En tu país, opinas, que estoy de más
y que vengo a quitar trabajo además,
o que de ayudas sólo quiero vivir,
y que no tuve causa para venir.
Mas tomo los trabajos que nadie quiere,
limpio tu mierda que a mi ropa se adhiere
y cojo tu cosecha en polvo y sudor,
para que tu familia viva mejor.
Para ti progresar es cambiar de coche.
Para mí, atravesar el mar por la noche
en un cayuco lleno de hambre y un sueño,
que nadie escupa sangre a favor de un dueño.
Prosperar para ti es tener dos viviendas
y poder hacer compras en caras tiendas.
Para mí, compartir un piso hacinado
y comer cada día en sitio abrigado
Cuando en mi tiempo libre me uno a mi gente,
porque a tu hijo no dejas que me frecuente,
recelas y sospechas de mi intención,
crees que cometeré cualquier mala acción.
No vuelvas la cabeza al verme avanzar
vendiendo baratijas falsas en el bar,
ni me ignores con gesto seco y adusto,
no me paso en las calles horas por gusto.
Piensa antes de negarte a darme cobijo
que hace quinientos años tu pueblo dijo
que eran común el sol, el agua y la tierra,
pero en vez de avanzar tu mente se cierra.
Noto tu malestar, siento tu desdén,
y como el refugiado que pierde el tren,
o el siervo que se inclina ante su señor,
como un leproso, así sufro yo el dolor.