Emerson Mendoza
Poeta recién llegado
Es la noche que me llega pronto
me sacude entre sábanas y espinas,
me oculta a la luz del día mientras tú,
alegre sonríes.
Es el pavimento que retiene de mí
me sostiene torpemente y maltrecho,
me inclina cual vaivén mientras tú,
firme y tenaz.
Son los sonidos melancólicos
ensordecen mis latidos y mi mente,
presionan mis párpados y mi tez,
me ahogan en la empalagosa miel y tú,
melodiosa cantas.
Son los repetidos cánticos de la mañana
aves pasajeras en su despertar,
me recuerdan más mi desdicha y sólo sé llorar,
invitan cánticos, te hacen pecar; cuanto tú
sólo descansas.
Porque sólo le suplico que comparta mi dolor, como compartimos besos, abrazos, deseos y sólo en estos días en los que no puedo entender. Tu dicha y mi miseria han concurrido.
Por esperar un poco de arrepentimiento de tu parte.
me sacude entre sábanas y espinas,
me oculta a la luz del día mientras tú,
alegre sonríes.
Es el pavimento que retiene de mí
me sostiene torpemente y maltrecho,
me inclina cual vaivén mientras tú,
firme y tenaz.
Son los sonidos melancólicos
ensordecen mis latidos y mi mente,
presionan mis párpados y mi tez,
me ahogan en la empalagosa miel y tú,
melodiosa cantas.
Son los repetidos cánticos de la mañana
aves pasajeras en su despertar,
me recuerdan más mi desdicha y sólo sé llorar,
invitan cánticos, te hacen pecar; cuanto tú
sólo descansas.
Porque sólo le suplico que comparta mi dolor, como compartimos besos, abrazos, deseos y sólo en estos días en los que no puedo entender. Tu dicha y mi miseria han concurrido.
Por esperar un poco de arrepentimiento de tu parte.