Kabuki
Poeta recién llegado
Por favor, espera.
El baldío cielo. Cuitado como un higo.
Noche larga, cañón de petróleo.
Ventanas caen como lluvias,
chubascos recorren tu pálido rostro.
De silla. De lamparín de aceite.
Donde no hay nadie en casa.
Donde nadie que te espere.
Con brazos, con arroz.
Con la camisa a cuadros.
Médanos de torsos desnudos,
velos púrpuras que flotan como burbujas.
La invitación a un vals, el acorde en do.
Entrecierras los ojos, no lo
crees cierto. La ausencia de un azul.
el horizonte de la tarde
se divisa dentro de una copa de vino blanco.
Duermes boca arriba. Las
estrellas desfilan sonámbulas,
sobre la azotea. Tu sonrisa se tulle,
tus lágrimas quietecitas.
El éter negro es el mapamundi
de la espera griega. Estás triste.
Muy triste.
Yo lo estoy, te extraño,
la mudanza de las sabanas es igual al
parche de brea que le colocan
a mis senderos. Desierto.
Tengo sed. Sed
Hidráulica, de dínamo. De león.
De abrazo fuerte y de dejar una
luz prendida para poder
verte sin trusa.
Estoy lejos, las monedas
lanzadas no caen en la pileta. Los
Deseos son tan solo deseos.
Los pasos son obra del zapato
y el músculo.
El correr es de olímpicos
que con tea en mano retan a
Prometeo. Diciéndoles:
padezco de amor.
Ahorcado no estoy, solo sumergido
en el mar de las almohadas,
tempestad donde el espíritu llora
y no sabe de consejeros.
Solo de: prefiero estar ciego y soñar
que el día de mañana
andaré contigo en un café
hablando de Proust.
Te veré. Buscaré como verte,
El sol no es más amarillo que la
corola de la margarita.
El crepúsculo no es más morado que
la umbela de la petunia.
Tus pupilas son de la acuarela de Turner.
Primavera en otoño gris.
Un jardín de un metro cuadrado,
Un beso con que labrar.
Las palmeras que anhelo ambos las regaremos.
Con manguera, con pozito de palmas,
con el jugo de las lacrimosas. Que sé yo.
Por ahora, veré a la luna
meditabunda con su único cliente.
Espérame, a favor.