Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
No leas esto,
porque en cada palabra
te confieso lo que nunca me atrevo a decir.
Eres el secreto que guardo entre los dientes,
la risa que no nace por miedo a descubrirme.
Te miro de lejos,
como quien contempla el sol
y sabe que arderá si se acerca demasiado.
Me basta con verte pasar,
con escuchar tu voz que cae
como lluvia tibia sobre mi silencio.
No leas esto,
porque te escribiré cosas absurdas,
como que tus ojos son dos mundos
donde me pierdo sin remedio,
o que tus manos deben saber
el lenguaje de las caricias
aunque nunca las haya sentido.
Eres mi amor imposible,
mi domingo sin lunes,
mi canción favorita
que nadie más escucha.
Y aunque me duela,
prefiero amarte así,
desde esta distancia segura,
donde no puedes romperme.
Así que no leas esto,
no lo busques, no lo pienses.
Déjalo donde está,
entre el deseo y la renuncia,
en el lugar donde viven
los amores que nunca serán
pero nunca dejan de ser.
porque en cada palabra
te confieso lo que nunca me atrevo a decir.
Eres el secreto que guardo entre los dientes,
la risa que no nace por miedo a descubrirme.
Te miro de lejos,
como quien contempla el sol
y sabe que arderá si se acerca demasiado.
Me basta con verte pasar,
con escuchar tu voz que cae
como lluvia tibia sobre mi silencio.
No leas esto,
porque te escribiré cosas absurdas,
como que tus ojos son dos mundos
donde me pierdo sin remedio,
o que tus manos deben saber
el lenguaje de las caricias
aunque nunca las haya sentido.
Eres mi amor imposible,
mi domingo sin lunes,
mi canción favorita
que nadie más escucha.
Y aunque me duela,
prefiero amarte así,
desde esta distancia segura,
donde no puedes romperme.
Así que no leas esto,
no lo busques, no lo pienses.
Déjalo donde está,
entre el deseo y la renuncia,
en el lugar donde viven
los amores que nunca serán
pero nunca dejan de ser.