Asklepios
Incinerando envidias
Por las caricias corazón palpita
con el calor carnal de su cadencia
que busca el aceptar la demencia:
el estado al que se le invita.
Frenan la decisión, la coherencia,
el raciocinio y más, los temores,
por no ser correspondido en amores
y caer en los celos y su violencia.
Pero es tal el poder de la pasión
que, aunque uno luche contra ella,
es lo más común caer en la tentación
que casi siempre vence por bella.
Lástima ese después tan amargo
de arrepentimiento triste, vano,
donde uno se siente casi lejano
por masticar tan penoso embargo.
Pasan así pues los días nublados,
desesperando por desesperado,
cambio nunca jamás tan deseado
y con todos… con nadie hablados.
con el calor carnal de su cadencia
que busca el aceptar la demencia:
el estado al que se le invita.
Frenan la decisión, la coherencia,
el raciocinio y más, los temores,
por no ser correspondido en amores
y caer en los celos y su violencia.
Pero es tal el poder de la pasión
que, aunque uno luche contra ella,
es lo más común caer en la tentación
que casi siempre vence por bella.
Lástima ese después tan amargo
de arrepentimiento triste, vano,
donde uno se siente casi lejano
por masticar tan penoso embargo.
Pasan así pues los días nublados,
desesperando por desesperado,
cambio nunca jamás tan deseado
y con todos… con nadie hablados.