Alex Courant
Poeta adicto al portal
Por lo estrecho del dintel asoma tu cuerpo.
Qué gracia para despojarte de tus ropas,
para alisar las espigas de tu cabello,
para mirar a tus senos como los amantes se miran,
de pronto, fundidos, en la alfaguara de la penumbra.
Un presagio de signos me sofoca.
Tú nada sabes. El viento huele a ti, a tu celo,
al sudor que te pinta con el aroma del barro,
a los labios curvos que se besan en tu sangre,
a tu flor morena que es efigie de la sombra.
Dentro de ti, en este instante a solas,
el silencio te desgrana como un collar de trigo,
te humedece los pétalos del decoro,
te entrega, inexorable, a los náufragos de mi memoria.
Al pasar por tu corazón el agua se evapora.
Absorta, en tu imagen, te miras disuelta en el espejo,
y sabes nada, nada sabes tú.
Tú que eres el motivo de la embriaguez del viento,
el porqué del fermento de los astros,
el dolor, la adivinanza, la sedienta locura,
con la que esta noche ladran los perros.
*
Qué gracia para despojarte de tus ropas,
para alisar las espigas de tu cabello,
para mirar a tus senos como los amantes se miran,
de pronto, fundidos, en la alfaguara de la penumbra.
Un presagio de signos me sofoca.
Tú nada sabes. El viento huele a ti, a tu celo,
al sudor que te pinta con el aroma del barro,
a los labios curvos que se besan en tu sangre,
a tu flor morena que es efigie de la sombra.
Dentro de ti, en este instante a solas,
el silencio te desgrana como un collar de trigo,
te humedece los pétalos del decoro,
te entrega, inexorable, a los náufragos de mi memoria.
Al pasar por tu corazón el agua se evapora.
Absorta, en tu imagen, te miras disuelta en el espejo,
y sabes nada, nada sabes tú.
Tú que eres el motivo de la embriaguez del viento,
el porqué del fermento de los astros,
el dolor, la adivinanza, la sedienta locura,
con la que esta noche ladran los perros.
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