David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Vestida por las tardes,
en la desolación de un viejo beso,
te pierdes y me pierdo por los bosques
donde dejamos -antes- el deseo.
Y aunque tú no me quieras
yo pienso que te quiero,
aunque tú no me quieras,
aunque no crees nada, yo sí creo,
aunque nunca me esperes,
aquí siempre te espero.
Pasan las horas, siglos en tu ausencia,
y te sigo queriendo.
Pasan segundos,décimas, centésimas
y sigue en el estómago este vuelo
que me persigue donde yo me paso
en aquellos recuerdos.
Persiste en mi memoria,
y sin hacerme daño, voy muriendo.
¡Qué triste que es besar sólo un recuerdo
y no los labios rojos
de quien besando estaba en su momento!
Todo se pierde en nada,
en un suspiro sale de su suelo,
donde dejaba anclada la alegría,
donde su ser creía sempiterno.
Ahora se me pierde,
te pierdes y me pierdo,
y siempre estoy pensando en eso mismo:
¿por qué dejé escapar lo que ahora aprecio?
en la desolación de un viejo beso,
te pierdes y me pierdo por los bosques
donde dejamos -antes- el deseo.
Y aunque tú no me quieras
yo pienso que te quiero,
aunque tú no me quieras,
aunque no crees nada, yo sí creo,
aunque nunca me esperes,
aquí siempre te espero.
Pasan las horas, siglos en tu ausencia,
y te sigo queriendo.
Pasan segundos,décimas, centésimas
y sigue en el estómago este vuelo
que me persigue donde yo me paso
en aquellos recuerdos.
Persiste en mi memoria,
y sin hacerme daño, voy muriendo.
¡Qué triste que es besar sólo un recuerdo
y no los labios rojos
de quien besando estaba en su momento!
Todo se pierde en nada,
en un suspiro sale de su suelo,
donde dejaba anclada la alegría,
donde su ser creía sempiterno.
Ahora se me pierde,
te pierdes y me pierdo,
y siempre estoy pensando en eso mismo:
¿por qué dejé escapar lo que ahora aprecio?