Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Rinocerontes cojos se enquistan en mis labios,
puedo amarte, mujer, con mis cinco sentidos, sin sentido.
Rescatarte de ogros vestidos de amapolas,
mientras abro cuevas en el césped,
mientras graznan mis uñas como murciélagos tumbados,
mientras me arranco las rodillas para ahuyentar gritos de hormigas.
Puedo amarte, desde mis pulgares hasta la deforestación de la noche,
puedo amarte, ¡puedo amarte!, incluso sin desatascar el desagüe por donde circulan mis semáforos,
cubrir con tuberías el tapón de la distancia,
puedo amarte, mujer,
soy ese gigante que engulle aristas y
camina por avenidas de periódicos.
puedo amarte, mujer, con mis cinco sentidos, sin sentido.
Rescatarte de ogros vestidos de amapolas,
mientras abro cuevas en el césped,
mientras graznan mis uñas como murciélagos tumbados,
mientras me arranco las rodillas para ahuyentar gritos de hormigas.
Puedo amarte, desde mis pulgares hasta la deforestación de la noche,
puedo amarte, ¡puedo amarte!, incluso sin desatascar el desagüe por donde circulan mis semáforos,
cubrir con tuberías el tapón de la distancia,
puedo amarte, mujer,
soy ese gigante que engulle aristas y
camina por avenidas de periódicos.