Andabas en pos de mi perla azulada,
y yo te decía mañana...
Atento mirabas detrás de mi espejo,
y yo sacudía del polvo la cama.
Vagabas en sueños cerca de la almohada
y yo ¡ay! despertaba.
Tu voz me invocaba, con gélido aliento
y yo me cubría orejas y cara.
Pero el candor me quebró la consciencia,
y al fin respondí tu agenciosa llamada,
llenaste mi oído de púrpura esencial,
y tórridos besos, que ahogaron mi nada.
Salí caminando al umbral de la cueva,
y fuiste a mi encuentro, con ánimo extenso,
me diste colores para tierra nueva,
y juntos pintamos un bosque de incienso.
Así me libraste, y dejaste sin foso,
al ente de sombras que daba mis señas,
corrió al sol mi pecho de amores deseoso
tu sol, y ahora, al pobre con arte domeñas.
Ahora yo vivo detrás de tu aliento,
y tú respiras muy quedo.
Te vendo mi alma adosada a tu templo,
y tú ya no sueltas dinero.
Te escribo canciones, me entrego en un verso,
y tú oyes sólo el silencio...
Al fin yo me rindo, no puede mi alma,
y tú me enamoras de nuevo.
y yo te decía mañana...
Atento mirabas detrás de mi espejo,
y yo sacudía del polvo la cama.
Vagabas en sueños cerca de la almohada
y yo ¡ay! despertaba.
Tu voz me invocaba, con gélido aliento
y yo me cubría orejas y cara.
Pero el candor me quebró la consciencia,
y al fin respondí tu agenciosa llamada,
llenaste mi oído de púrpura esencial,
y tórridos besos, que ahogaron mi nada.
Salí caminando al umbral de la cueva,
y fuiste a mi encuentro, con ánimo extenso,
me diste colores para tierra nueva,
y juntos pintamos un bosque de incienso.
Así me libraste, y dejaste sin foso,
al ente de sombras que daba mis señas,
corrió al sol mi pecho de amores deseoso
tu sol, y ahora, al pobre con arte domeñas.
Ahora yo vivo detrás de tu aliento,
y tú respiras muy quedo.
Te vendo mi alma adosada a tu templo,
y tú ya no sueltas dinero.
Te escribo canciones, me entrego en un verso,
y tú oyes sólo el silencio...
Al fin yo me rindo, no puede mi alma,
y tú me enamoras de nuevo.
Última edición: