Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hospedate en mi cabeza y nunca salgas por favor,
deja en la puerta la maleta y deja que la cargue yo.
Tengo libre la suite presidencial en este cinco estrellas,
ya casi se sirve de desayuno un cereal
que tiene tu forma en sus hojuelas,
y un vaso con café como el café que hay en tus ojos.
Disculpe usted que pierda los modales y le hable de tú,
hace siglos que este hotel no recibe reinas
y apenas ha puesto usted un pie en él
se ha vuelto mágico, tan mágico que piensa...
Qué bonita esa mujer que hoy tiene el pase de visita,
realmente hermosa está esta señorita,
tan hermosa que no puedo dejar de verla
sepa usted que me enamora su presencia.
A Dios gracias que no hay compañía en este elevador
y que aún faltan siete pisos,
hay tiempo suficiente para charlar
aunque yo no levante la vista del piso, le digo...
Que luce hermosa con ese abrigo tan bonito
y que aunque no me ha dicho ni hola, ya aprendí,
que quiero amarla porque su piel me enamora
y luce tan bonita para mí.
Al fin llegamos y este cuarto está de lujo,
sábanas blancas para una reina como usted,
dispense si peco y su sonrisa le interrumpo,
pero qué linda que se ve.
Íbamos bien hasta que recién me doy cuenta,
que la suite ha sido apartada para dos
y temo que el tipo que se adentra
es el dichoso al que usted llama "mi amor".
deja en la puerta la maleta y deja que la cargue yo.
Tengo libre la suite presidencial en este cinco estrellas,
ya casi se sirve de desayuno un cereal
que tiene tu forma en sus hojuelas,
y un vaso con café como el café que hay en tus ojos.
Disculpe usted que pierda los modales y le hable de tú,
hace siglos que este hotel no recibe reinas
y apenas ha puesto usted un pie en él
se ha vuelto mágico, tan mágico que piensa...
Qué bonita esa mujer que hoy tiene el pase de visita,
realmente hermosa está esta señorita,
tan hermosa que no puedo dejar de verla
sepa usted que me enamora su presencia.
A Dios gracias que no hay compañía en este elevador
y que aún faltan siete pisos,
hay tiempo suficiente para charlar
aunque yo no levante la vista del piso, le digo...
Que luce hermosa con ese abrigo tan bonito
y que aunque no me ha dicho ni hola, ya aprendí,
que quiero amarla porque su piel me enamora
y luce tan bonita para mí.
Al fin llegamos y este cuarto está de lujo,
sábanas blancas para una reina como usted,
dispense si peco y su sonrisa le interrumpo,
pero qué linda que se ve.
Íbamos bien hasta que recién me doy cuenta,
que la suite ha sido apartada para dos
y temo que el tipo que se adentra
es el dichoso al que usted llama "mi amor".