Quizá lo postizo no sea, el trajín de manos del poema…
No es el sacrificio de la torre, lo postizo.
Acaso los cuervos de la despensa…
el vaho, que nos deja la pintura, en el espíritu…
básicamente, lo que regresa con las playas…
Lo postizo, no es lo que proviene de esa lentitud de cimientos…
acaso, no, las ventanas, más adentro, donde llueven los recuerdos…
o no dejar de buscarte, por los bullicios íntimos,
o el fantasma de los caramelos;
acaso, la casa, entre las piedras, sin hacer ruido…
Acaso lo que buscan, entre hogueras y nebulosas literarias;
el ojo común, que parpadea en la frente, cribando lo espontaneo…
No es el sacrificio de la torre, lo postizo.
Acaso los cuervos de la despensa…
el vaho, que nos deja la pintura, en el espíritu…
básicamente, lo que regresa con las playas…
Lo postizo, no es lo que proviene de esa lentitud de cimientos…
acaso, no, las ventanas, más adentro, donde llueven los recuerdos…
o no dejar de buscarte, por los bullicios íntimos,
o el fantasma de los caramelos;
acaso, la casa, entre las piedras, sin hacer ruido…
Acaso lo que buscan, entre hogueras y nebulosas literarias;
el ojo común, que parpadea en la frente, cribando lo espontaneo…