David Valdés Estrada
Fantasma sin número
Derrotado, de regreso a la plaza del pueblo, en donde había dejado su piel humana junto a una ofrenda (para que alguno de sus perseguidores la salara y le otorgara por siempre la maldición de morar la tierra como una bestia), el nahual descubrió que la gente que lo había perseguido hasta la noche de aquel día, era la misma que ahora le recibía, como si se tratara de un antiguo dios prehispánico.
Última edición: