Veroumazoe
Poeta recién llegado
Hoy, tu voz de ternura infinita, aniquila mis entrañas,
arrebata el brillo de mis ojos y me arroja al vacío del desamor.
Hoy, la soledad se aproxima y siento mis pies cansados de tanto andar.
La oscuridad se apodera de mis manos, mis caricias se pierden junto al sentido de mi existencia.
Las palabras se mueren en tu indiferencia, me quedo muda, inerte, vacía.
El dolor transforma mi energía; mi grito no es llamado.
Me caigo.
Tu cuerpo distante no sostiene, tus manos me dejan caer,
mi lugar se desvanece.
Mi imagen endeble, tu voracidad, mis sueños, los tuyos.
Un encuentro fortuito inundó nuestra vida de pesares y alegrías, de luchas e ilusiones, de música y poesía.
Hoy me abandonó tu sonrisa, dejando paso a tu orgullo y a tu crueldad desmedida.
Hoy escuchaste tu llanto de niño inquieto, un reclamo interminable, tu pasado y tus fantasmas.
Hoy, te olvidaste de los sueños presentes para añorar los pasados; aniquilaste mi alma y la pateaste sin piedad.
Hoy, llegó de improviso ése que solo lastima, ése que prometiste no volver a ser, ése que arranca la piel nueva de mis heridas y no vacila en castigarme.
Hoy, tu bronca arremetió con lo más hermoso que tenemos, nuestro amor; se llevó nuestros pasos juntos y mi alegría.
Hoy, mi fuerza está empobrecida y mi voz empañada, los lugares vacíos y el dolor anestesiado.
arrebata el brillo de mis ojos y me arroja al vacío del desamor.
Hoy, la soledad se aproxima y siento mis pies cansados de tanto andar.
La oscuridad se apodera de mis manos, mis caricias se pierden junto al sentido de mi existencia.
Las palabras se mueren en tu indiferencia, me quedo muda, inerte, vacía.
El dolor transforma mi energía; mi grito no es llamado.
Me caigo.
Tu cuerpo distante no sostiene, tus manos me dejan caer,
mi lugar se desvanece.
Mi imagen endeble, tu voracidad, mis sueños, los tuyos.
Un encuentro fortuito inundó nuestra vida de pesares y alegrías, de luchas e ilusiones, de música y poesía.
Hoy me abandonó tu sonrisa, dejando paso a tu orgullo y a tu crueldad desmedida.
Hoy escuchaste tu llanto de niño inquieto, un reclamo interminable, tu pasado y tus fantasmas.
Hoy, te olvidaste de los sueños presentes para añorar los pasados; aniquilaste mi alma y la pateaste sin piedad.
Hoy, llegó de improviso ése que solo lastima, ése que prometiste no volver a ser, ése que arranca la piel nueva de mis heridas y no vacila en castigarme.
Hoy, tu bronca arremetió con lo más hermoso que tenemos, nuestro amor; se llevó nuestros pasos juntos y mi alegría.
Hoy, mi fuerza está empobrecida y mi voz empañada, los lugares vacíos y el dolor anestesiado.