Preguntas

Pinturicchio

Poeta recién llegado
Tengo razón
esos besos
al menos los que te di,
no existen,
pero si estuvieran diminutos,
sería igual que esta distancia
prolongada.
Después de vernos una vez al día,
viene el recuerdo,
la plenitud del remordimiento
de los momentos y a veces la soledad.
Ya sé que son conjeturas
pero lo cierto es que existen
de manera que se adentran
solo en la memoria.
Y en esa sola oportunidad,
ni siquiera uno mismo escribe
para anotar los datos de las cosas favoritas.
Hay distancias de silencios
entre tú y yo, allí arriba en el quinto piso,
una barrera de miradas con argumentos
entre tus ojos y mi espalda,
una pared de manos confundidas,
entre tus pies y mis dientes
y algo que es natural en ambos, así de triste
entre tus gustos y mi alma.
Claro que las cosas no vienen solas.
Si me pongo a escribir desde ahora hasta la muerte,
no podré escribir tu nombre
en nuestras soledades,
se verá abreviado un largo camino de consonantes,
un sencillo respeto por mi persona,
ese percance de ser el bueno.
Y la alegría
justo para reír una vez por cada sensación,
si viniera después esa soledad,
a veces,
cuando llega de momento sin decir o llamar por teléfono,
tan solo imagino,
mejor,
aguanto,
que venga en grandes cantidades, y halla una parte para ti.
Otra vez estás,
y yo sigo de perdedor,
que siempre después de la soledad,
espera,
y calla para siempre,
o mejor dicho,
se pregunta una vez al año donde estás.

 

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