Bartleby - el alegre
Poeta recién llegado
Presente
Un fantasma toca la puerta,
la carcocha, sus centros comerciales
con su estacionamiento al aire libre,
la tienda de helados,
la mano de mi padre,
y mi madre viendo los vestidos
de bombachas y olor a laca.
Mi medio hermano enterón,
mi hermana saliendo sin prisa de la adolescencia,
mi patineta, mis libros de Nietzsche,
la chica que me rechazó y clamé como loco
en un puente y bajando las escaleras.
El paseo al club y la piscina amplia,
el sol que mancha el fulbito de mesa,
la caverna de los murciélagos,
y la montaña que en ese entonces imaginaba
conduciría al Tíbet.
Ayer me quedé dormido en una silla de empresas,
el whisky barato al lado de la jarra de hielos,
me dijeron para ir al Centro,
pero ni los nervios, huesos, músculos y sexo
tenían la suficiente fuerza
que el dínamo del dinero.
Distancia mía, distancia tuya,
por qué dejé de visitarte si tan grato
hemos vivido tomándonos de las manos,
fantasma, aire, si con solo una llamada puedo escucharte,
y decirte que ha pasado, vamos por unas cervezas,
vamos a comer unos choripanes,
la noche en algún momento se va a llenar de relámpagos,
y vamos a necesitar de muchísimo tiempo
para que las lluvias vuelvan,
como las de marzo, abril y noviembre.
Estás ahí, presente cósmico,
pelota que rebota y rebota y nunca para,
pichanga de dos piedras y
hacer autopase con el borde de la acera,
chiquilladas, locuras, patinetas alrededor de la pista,
fogata humana, autos de luces ambarinas,
siempre somos jóvenes,
siempre, desde que puedo decir te amo, no,
si, y esto está de puta madre.
Un fantasma toca la puerta,
la carcocha, sus centros comerciales
con su estacionamiento al aire libre,
la tienda de helados,
la mano de mi padre,
y mi madre viendo los vestidos
de bombachas y olor a laca.
Mi medio hermano enterón,
mi hermana saliendo sin prisa de la adolescencia,
mi patineta, mis libros de Nietzsche,
la chica que me rechazó y clamé como loco
en un puente y bajando las escaleras.
El paseo al club y la piscina amplia,
el sol que mancha el fulbito de mesa,
la caverna de los murciélagos,
y la montaña que en ese entonces imaginaba
conduciría al Tíbet.
Ayer me quedé dormido en una silla de empresas,
el whisky barato al lado de la jarra de hielos,
me dijeron para ir al Centro,
pero ni los nervios, huesos, músculos y sexo
tenían la suficiente fuerza
que el dínamo del dinero.
Distancia mía, distancia tuya,
por qué dejé de visitarte si tan grato
hemos vivido tomándonos de las manos,
fantasma, aire, si con solo una llamada puedo escucharte,
y decirte que ha pasado, vamos por unas cervezas,
vamos a comer unos choripanes,
la noche en algún momento se va a llenar de relámpagos,
y vamos a necesitar de muchísimo tiempo
para que las lluvias vuelvan,
como las de marzo, abril y noviembre.
Estás ahí, presente cósmico,
pelota que rebota y rebota y nunca para,
pichanga de dos piedras y
hacer autopase con el borde de la acera,
chiquilladas, locuras, patinetas alrededor de la pista,
fogata humana, autos de luces ambarinas,
siempre somos jóvenes,
siempre, desde que puedo decir te amo, no,
si, y esto está de puta madre.