Juan Arias
Poeta recién llegado
PRIMAVERA EN LA DEHESA
Por aquel campo andaluz
cantaba la primavera,
con trinos de pajarillos
y flores de la dehesa,
mientras Carmen la gitana
bajaba sola la senda,
con una copla en sus labios
y un cántaro en su cadera,
sus pensamientos volaban
soñando por la vereda,
con el amor de su vida
que era José el de la huerta
mozo moreno y gallardo
con zahones y con espuelas,
un amor que ella ocultaba
porque era pobre su hacienda.
El galope de un caballo,
tronaba por la rivera
y espantaba a las tórtolas
de la tranquila alameda,
era José el de la huerta,
que puso el caballo al paso
cuando divisó a Carmela,
.-¿Adónde vas Carmelilla?
(dijo cuando estuvo cerca)
.-A donde quieres que vaya,
por agua a la fuente nueva.
.-¡Ay quien pudiera beberse
Carmelilla tu belleza,
en la fuente de amapolas
que hay en tu cara morena.
.-Para el caballo chiquillo,
que me parece que sueñas,
que yo soy una gitana
y tu José el de la huerta,
que yo no tengo ni un duro
y tú los tienes a espuertas.
.-¿Y porque tengo dinero
por eso tu me desprecia?
.-Yo José no te desprecio,
pero has tener en cuenta
que entre tu casa y la mía
es mucha la diferencia,
y en el pueblo me murmuran
cuando te ven a mi vera.
José, paró su caballo,
y echando los pies a tierra,
cogió a Carmela del brazo
y al caballo de la rienda,
mientras le hablaba al oído
dándole de amor sus quejas.
-No te importe que critiquen
del pueblo las malas lenguas,
ya veras como se callan
cuando te lleve a la iglesia
y hasta te tendrán envidia,
cuando sea en mí casa dueña,
tu sabes bien que te quiero
desde niño en estas tierras,
y yo sé que tu me quieres,
¿Por qué lo niegas Carmela?
No me ves que estoy llorando
por tu amor y en tu presencia
y la lagrimas que vierto
ya no me dan ni vergüenza.
- Calla esa boca amor mío
que es mi alma la que tiembla¡
que cada vez que tu me hablas
veo soles, lunas, estrella
y me parece amor mío,
que estoy soñando despierta,
yo te quiero con el alma
te quiero con toas mis fuerzas,
desde que te conocí
jugando por la dehesa.
Los dos andando hablaban
de su amor por la vereda,
que casi sin darse cuenta,
plenos de felicidad
llegaron a la fuente nueva.
Ella llenaba su cántaro,
el la miraba de cerca
y sellaron con sus besos
una eterna primavera.
Mientras ellos se juraban
amor en la fuente nueva,
el cántaro rebozaba
agua cristalina y fresca.
Juan Arias
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Por aquel campo andaluz
cantaba la primavera,
con trinos de pajarillos
y flores de la dehesa,
mientras Carmen la gitana
bajaba sola la senda,
con una copla en sus labios
y un cántaro en su cadera,
sus pensamientos volaban
soñando por la vereda,
con el amor de su vida
que era José el de la huerta
mozo moreno y gallardo
con zahones y con espuelas,
un amor que ella ocultaba
porque era pobre su hacienda.
El galope de un caballo,
tronaba por la rivera
y espantaba a las tórtolas
de la tranquila alameda,
era José el de la huerta,
que puso el caballo al paso
cuando divisó a Carmela,
.-¿Adónde vas Carmelilla?
(dijo cuando estuvo cerca)
.-A donde quieres que vaya,
por agua a la fuente nueva.
.-¡Ay quien pudiera beberse
Carmelilla tu belleza,
en la fuente de amapolas
que hay en tu cara morena.
.-Para el caballo chiquillo,
que me parece que sueñas,
que yo soy una gitana
y tu José el de la huerta,
que yo no tengo ni un duro
y tú los tienes a espuertas.
.-¿Y porque tengo dinero
por eso tu me desprecia?
.-Yo José no te desprecio,
pero has tener en cuenta
que entre tu casa y la mía
es mucha la diferencia,
y en el pueblo me murmuran
cuando te ven a mi vera.
José, paró su caballo,
y echando los pies a tierra,
cogió a Carmela del brazo
y al caballo de la rienda,
mientras le hablaba al oído
dándole de amor sus quejas.
-No te importe que critiquen
del pueblo las malas lenguas,
ya veras como se callan
cuando te lleve a la iglesia
y hasta te tendrán envidia,
cuando sea en mí casa dueña,
tu sabes bien que te quiero
desde niño en estas tierras,
y yo sé que tu me quieres,
¿Por qué lo niegas Carmela?
No me ves que estoy llorando
por tu amor y en tu presencia
y la lagrimas que vierto
ya no me dan ni vergüenza.
- Calla esa boca amor mío
que es mi alma la que tiembla¡
que cada vez que tu me hablas
veo soles, lunas, estrella
y me parece amor mío,
que estoy soñando despierta,
yo te quiero con el alma
te quiero con toas mis fuerzas,
desde que te conocí
jugando por la dehesa.
Los dos andando hablaban
de su amor por la vereda,
que casi sin darse cuenta,
plenos de felicidad
llegaron a la fuente nueva.
Ella llenaba su cántaro,
el la miraba de cerca
y sellaron con sus besos
una eterna primavera.
Mientras ellos se juraban
amor en la fuente nueva,
el cántaro rebozaba
agua cristalina y fresca.
Juan Arias
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