Roo
Poeta recién llegado
Confusión de soledades,
ecos de ausencia,
no existen semáforos
para detener a la tristeza.
Cuatro paredes. Un alma.
Una palabra prisionera que huye,
escapando sin mirar atrás.
Sólo un vacío lleno de nada.
Una libertad de alas rotas
vagabundea por un callejón.
La felicidad, un cuento absurdo.
Un par de ilusiones flotan a la deriva.
Las puertas desvencijadas del silencio
se tambalean en el abismo de cualquier soledad.
Una mirada errante
se entierra en un crepúsculo abandonado.
Una ternura desgastada desaparece
en el horizonte de la desesperanza.
La tristeza es una prisionera más
de esta realidad inventada.
ecos de ausencia,
no existen semáforos
para detener a la tristeza.
Cuatro paredes. Un alma.
Una palabra prisionera que huye,
escapando sin mirar atrás.
Sólo un vacío lleno de nada.
Una libertad de alas rotas
vagabundea por un callejón.
La felicidad, un cuento absurdo.
Un par de ilusiones flotan a la deriva.
Las puertas desvencijadas del silencio
se tambalean en el abismo de cualquier soledad.
Una mirada errante
se entierra en un crepúsculo abandonado.
Una ternura desgastada desaparece
en el horizonte de la desesperanza.
La tristeza es una prisionera más
de esta realidad inventada.
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