Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Tenue luz te escondes tras nuestros cuerpos
ni permites siquiera proyectar mi sombra
tu sombra ha desaparecido
no hay luz
sólo magia de gotas que
aparecen, desapareciendo entre
agua la melodía y cadencia
la perpetuidad y el sonido
bajo el trinar de las gotas
de calor ahogadas: sofocadas por el agua
y ahí estamos bajo el vendaval
pues el espacio ha quedado vedado
sólo al espacio de paredes rígidas
mientras las otras las abres tú
Tú me abres tus paredes, dejándolas caer
sin aviso, dibujando en lo más alto de los cielos
la pancarta más decidora que los ojos alcanzan a leer,
bandadas de pájaros bandidos, escondidos
tras tus nubes te abres de par en par,
esperándome como si fueras el eterno agujero negro
y yo me ahogo de estertores, de vacíos, de palabras usadas
no hay luz bajo el agua que cae a tu cuerpo
vertiente que te deslizas por el seno de tus hombros,
purificando, capa tras capa de la tierra,
tus gotas hasta llegar a mi boca
y llevar hacia tu cuello el refresco de mi Ser que te desea compartir
esta vez no deseo la luz, merodeando tu cuerpo
cada gota de agua fulmina la oscuridad: prismas,
cual luciérnagas, danzando con sus lámparas de mano,
tejiendo hilos de plata que atraviesan tu cuerpo de lado a abajo
que penetran en mi piel y la tuya,
cosmogonía como todo lo que nace del agua
el agua, el agua, el agua linda
audaz es el agua que osa acariciar tu piel
no deja de ser mi cómplice en este atrevimiento
de ensalzarla, pues en cada gota que cae en ti,
hay algo de mí horadándote
eso deseo: ser la gota eterna de agua amar
que se deslice sin tregua por tus entrañas.
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ni permites siquiera proyectar mi sombra
tu sombra ha desaparecido
no hay luz
sólo magia de gotas que
aparecen, desapareciendo entre
agua la melodía y cadencia
la perpetuidad y el sonido
bajo el trinar de las gotas
de calor ahogadas: sofocadas por el agua
y ahí estamos bajo el vendaval
pues el espacio ha quedado vedado
sólo al espacio de paredes rígidas
mientras las otras las abres tú
Tú me abres tus paredes, dejándolas caer
sin aviso, dibujando en lo más alto de los cielos
la pancarta más decidora que los ojos alcanzan a leer,
bandadas de pájaros bandidos, escondidos
tras tus nubes te abres de par en par,
esperándome como si fueras el eterno agujero negro
y yo me ahogo de estertores, de vacíos, de palabras usadas
no hay luz bajo el agua que cae a tu cuerpo
vertiente que te deslizas por el seno de tus hombros,
purificando, capa tras capa de la tierra,
tus gotas hasta llegar a mi boca
y llevar hacia tu cuello el refresco de mi Ser que te desea compartir
esta vez no deseo la luz, merodeando tu cuerpo
cada gota de agua fulmina la oscuridad: prismas,
cual luciérnagas, danzando con sus lámparas de mano,
tejiendo hilos de plata que atraviesan tu cuerpo de lado a abajo
que penetran en mi piel y la tuya,
cosmogonía como todo lo que nace del agua
el agua, el agua, el agua linda
audaz es el agua que osa acariciar tu piel
no deja de ser mi cómplice en este atrevimiento
de ensalzarla, pues en cada gota que cae en ti,
hay algo de mí horadándote
eso deseo: ser la gota eterna de agua amar
que se deslice sin tregua por tus entrañas.
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