nesbith
EL MONSTRUO DEL LAGO.
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Hay unos seres indefensos y diminutos que el viento golpea sin piedad,
la lluvia derrama sobre sus maltrechas figuras el agua del desconsuelo.
El sol ha provisto de su piel una salud ficticia,
dejando así a las quemaduras como fiel reemplazo.
Jaurías hambrientas de piojos y liendres desgarran la piel,
permitiendo a la sangre aflorar entre sus cabellos.
Les he visto caminar pausadamente por aquella senda de asfalto, aquella senda en la que hay comida en abundancia,
pero ellos por no tener una moneda sólo aspiran a imaginar su sabor.
Se ocultan bajo el amparo de unas cuantas hojas de periódico,
su cuna de oro no es màs que un orinado cartón
y su almohada es la tristeza, que les arrulla durante la noche.
Al despuntar el alba emprenden nuevamente la travesía,
cargando en sus vientres el vacío
y el dolor que provoca la falta de alimento.
Sus pies fueron conquistados por llagas
y hasta la fecha los gobiernan las ampollas.
En su piel se pueden observar manchitas blancas,
producto de una severa desnutrición y en sus brazos
un espectro llamado sozollo se acurrucó.
Sus ojitos adornados por legañas ya no ven su realidad,
ellos ven charcos que la lluvia dejo para que ellos jugarán,
ellos sienten que el viento juega con sus cabellos,
ellos elevan su vista hacia el sol, creyendo que es la esperanza que les sonríe.
Ellos hurgan la basura que dejamos al pie de nuestros felices hogares
y al encontrar un mendrugo sienten que no volverán a pasar hambre.
Ellos no recorren las calles en busca de Dios,
recorren las calles en busca de padres y madres que les acunen mientras duermen.
Y hasta que ese día se aproxime, ellos seguirán siendo...
Producto de nuestro amor.
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