Como una leve piedra ignota apareciste en mi senda; de antemano, sin que yo lo supiera.
Atisbando, endiosando, humillando, con palabras perseguidas de encanto y fango.
Las letras bailaban frenética danza. De pronto las mismas, se convirtieron en un sonido imperturbable, un chasquido pretencioso, rimbombante, altanero, desquiciante.
El surco fue hondo, fue la fractura del alma.
Los pies lentos permanecieron unos instantes inmóviles, yertos ; pero la mente y el corazón rápidos de ayeres, no escucharon más, se fugaron con el viento.
Se desgranaron como el sol detrás de los azulados pinos que imperan en las cuestas del ocaso.
Fue el fin.
Atisbando, endiosando, humillando, con palabras perseguidas de encanto y fango.
Las letras bailaban frenética danza. De pronto las mismas, se convirtieron en un sonido imperturbable, un chasquido pretencioso, rimbombante, altanero, desquiciante.
El surco fue hondo, fue la fractura del alma.
Los pies lentos permanecieron unos instantes inmóviles, yertos ; pero la mente y el corazón rápidos de ayeres, no escucharon más, se fugaron con el viento.
Se desgranaron como el sol detrás de los azulados pinos que imperan en las cuestas del ocaso.
Fue el fin.
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