No soy una boca a la cual, polillas negras, cubrieron ante el beso toxico de la negligencia,
No soy una sombra que dentro de la bóveda de esa mente poco iluminada, se estremece.
Ya no más!
Es un brusco golpe, no vomites en esta ópera macabra, no te marees por la horripilancia de sus actores, grita, y no pares, de fatigar la incertidumbre, que te muerde, también que asesina con venenos verbales, a cuanto arlequín haya bebido de los posos sin fondo.
No soy la pluma que cae y pisotean los transeúntes, y que sigue siendo delicada sin importar cuantas suelas le pasen por encima,
No esperare hasta que en el infierno suenen las trompetas de los ángeles, quemando, la planta de mis pies con la saliva de aquellas indeterminadas palabras
No soy el hombre que decidió ser monstruo ni la bestia que decidió ser hombre, no percibo esos golpes con una mejilla amedrentada, ni escondo las miradas en cofres sin candado,
No soy, aquello que debería ser, de vez en cuando, o nunca, o tal vez, no soy un quizás con el cual juegan los niños hijos de la melancolía, ni estoy seguro en las manos de la nada, no me encuentro, ni quiero hallarme, para que pienso en lo distante, si acaba la noche por acercarme a lo insensible, o paraqué miro la luna y sonrió, si de vez en cuando ella me escupe.
Tunante, desprotegido de dios y sus ejércitos de lagrimas, tropiezo con la vida estoy solo, llevo mil años solo, naci con la marca de Lucifer en mis órganos sexuales, y andaré con la plegaria de la mano hasta que el sacerdote se suicide,
no soy el consiente ni el ser de carne, ni el hueso de cancerbero o las sobras mentales del oráculo de Delfos, no me pienses como a algo, si no como a alguien, no estoy sentado a la orilla del abismo más profundo, porque simplemente no hay abismo ni profundidad en el jardín de mis recuerdos.
Simulan mis lamentos el acto primero del apocalipsis, simulo que no quiero ser la página que pasa la yema de unos dedos quemados.
No soy, actuó la catástrofe
No soy, siento porque actuó
No soy un prostíbulo de lagrimas, no soy vuestra calma amiga, ni el mensajero de vuestros egos, ni la sonrisa del payaso, ni vuestros nervios o vuestra fresa dulce ya podrida, no soy el fantasma en ese espejo, quien observa como peinas a tus muñecas asesinas, ni el elemento intransmutable, ni el maquillaje de la ira, no… soy producto de la demencia pervertida del amor, ni la mas trágica comedia, ni sueño, tal vez la pesadilla.
No… no soy, no he sido.
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