Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Siempre deseé ser
una partícula más de eternidad visible, mientras vivía,
mas sólo para tus ojos.
Siempre invisible para los escenarios de la magia
del amor eterno, pues eterno es el amor
que promulgo.
Fui y seré el haz: el alfa y el omega
de la luz hecha carne: eternidad visible,
mas invisible para los ojos.
No temo ser tu átomo eterno de eternidad visible,
habitando en el bies de tu alma;
es más: mi vida eterna será
en el pliegue de cada doblez de tus
manos y de tu pecho y
en el rictus de tus labios, pues
ahí he decidido vivir la invisible eternidad.
No me verás jamás, y sí sabrás que estoy ahí:
en tu boca y en tu piel y en la sangre que
brota de tus ojos,
cuando me llames con
la voz de tu mente,
pues sé que la escucharé.
Ya soy ese soplo de luz que deambula
por los infinitos túneles que unen
la faz del mundo con la eternidad.
No temas, pues me conocerás.
Yo. Seguiré siendo
el átomo flotante
tan y más liviano que el aire,
pues he de ser así,
siempre: así la eternidad invisible
para inmiscuirme hacia todo lo tuyo,
seas acá o en la perpetuidad.
Yo estaré en ti, pues de ti he nacido
y ante la simultaneidad de los siglos estelares
escucharás mi sonrisa queda
que ha quedado plasmada en
los vientos
entre estrella y estrellas
de eternidad invisible.
una partícula más de eternidad visible, mientras vivía,
mas sólo para tus ojos.
Siempre invisible para los escenarios de la magia
del amor eterno, pues eterno es el amor
que promulgo.
Fui y seré el haz: el alfa y el omega
de la luz hecha carne: eternidad visible,
mas invisible para los ojos.
No temo ser tu átomo eterno de eternidad visible,
habitando en el bies de tu alma;
es más: mi vida eterna será
en el pliegue de cada doblez de tus
manos y de tu pecho y
en el rictus de tus labios, pues
ahí he decidido vivir la invisible eternidad.
No me verás jamás, y sí sabrás que estoy ahí:
en tu boca y en tu piel y en la sangre que
brota de tus ojos,
cuando me llames con
la voz de tu mente,
pues sé que la escucharé.
Ya soy ese soplo de luz que deambula
por los infinitos túneles que unen
la faz del mundo con la eternidad.
No temas, pues me conocerás.
Yo. Seguiré siendo
el átomo flotante
tan y más liviano que el aire,
pues he de ser así,
siempre: así la eternidad invisible
para inmiscuirme hacia todo lo tuyo,
seas acá o en la perpetuidad.
Yo estaré en ti, pues de ti he nacido
y ante la simultaneidad de los siglos estelares
escucharás mi sonrisa queda
que ha quedado plasmada en
los vientos
entre estrella y estrellas
de eternidad invisible.
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